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Colón: la música que llega al hueso
El Centro de Experimentación del Teatro Colón estrena hoy «Gallos y huesos», con música de Pablo Ortiz sobre poemas de Sergio Chejfec.
Periodista: ¿Como se podría resumir la génesis de esta obra?
Pablo Ortiz: Hace bastante tiempo que vengo trabajando casi exclusivamente para voces. Un amigo, Federico Monjeau, me pasó dos textos de un libro de Sergio Chejfec: uno fue éste y el otro era «Mapa», que por alguna razón no me interesó, pero este sí. Empecé poniendo música a un poema y terminé haciendo todos. Me atrajo por las imágenes poco convencionales: gallos, huesos, animales, cómo eran antes, ideas como la de que los huesos están esperando una determinada cantidad de años antes de salir a la luz, etcétera. Hice una pieza para cinco voces femeninas, barítono y arpa, una combinación bastante inusual.
P.: ¿De qué manera está estructurada?
P.O.: Hay una estructura fantasma paralela que no se corresponde sincrónicamente con los poemas pero que es mimética respecto de la estructura de ellos y opera con las mismas reglas. Los poemas son más o menos minimalistas y tienen una cantidad de recurrencias, de reiteraciones no textuales, y yo hice una música similar, que sin ser minimalista tiene muchas reiteraciones. Hay hilos musicales que se continúan, y que no necesariamente coinciden con lo que pasa en los poemas en ese momento: no son «Leitmotive», pero sí hay temas que recurren que a veces coinciden con el gallo, otras con el hueso y otras imágenes. Después hablé con Eduardo Stupía que desarrolló un sistema de imágenes que funcionan más o menos de la misma forma: más de 1.000 imágenes que son más o menos explícitas, menos mejor que más, también con una estructura paralela a la de la música y los poemas. No es una obra que tenga picos de expresividad romántica como por ejemplo «Otello», el asunto de los poemas es una cosa más asordinada.
P.: ¿Qué lo llevó a elegir esa formación inusual?
P.O.: Empecé con las voces femeninas, y después me di cuenta de que no estaría mal tener una voz masculina, aunque no quería un coro mixto. Siempre me atrajeron las voces femeninas.
P.: ¿Qué es lo que lo mueve a seleccionar determinado poema para ponerlo en música?
P.O.: Cosas muy diferentes: en los poemas de Thomas Hardy, de una obra anterior mía, es la dificultad de tener una relación amorosa, en éstos fue esa luz de la madrugada, esa cosa gris entre sueño y vigilia, de mármol de la cocina. Cuando uno empieza a pensar una obra trata de imaginarse cómo va a sonar, y en este caso imaginé cosas muy agudas, y necesité la voz de barítono para exacerbar ese agudo gracias al contraste. Son ideas conceptuales y también sonoras desde un punto de vista muy sensorial: quiero una pieza que sea puntuda, otra redondeada, otra fría, etcétera.
P.: Se dice que es difícil escribir para coro, o para varias voces.
P.O.: No es mi caso, yo dirigí coros, siempre me gustaron las voces de todo tipo, y lo que escribo para voces es muy tradicional. La complejidad en lo que yo hago deriva de la superposición, no de las líneas.
P.: De la verticalidad más que de la horizontalidad.
P.O.: Claro: la verticalidad a veces es difícil y por momentos «se viene el agua», pero no escribo líneas horizontales muy complicadas, intento trabajarlo con mucho cuidado.
Entrevista de Margarita Pollini


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