- ámbito
- Edición Impresa
Colorido film con vagos ecos de Quiroga
«Cuentos de la selva» es un relato de intención ecologista con personajes lejanamente inspirados en los de Horacio Quiroga, pero la historia es muy otra. Igual entretiene y es simpática para los chicos.
Los «Cuentos de la selva», de Horacio Quiroga, fueron un clásico de la literatura infantil, como los de Constancio C. Vigil o el brasileño Monteiro Lobato, largos años residente en Buenos Aires. Todavía se leen en algunas escuelas primarias, y los niños aún se deleitan con el suspenso de la abeja haragana enfrentada a la culebra en una cueva, el pintoresco baile de los animales, la búsqueda de medias para flamencos en los almacenes del pueblo, el encuentro del loro con el tigre, cómo quedó pelado y logró vengarse a través del hombre, la hermosa «Historia de dos cachorros de coatí y de dos cachorros de hombre», etcétera.
El libro es de 1918, cuando los personajes de libros infantiles cazaban animales sin problema y fumaban tranquilamente. Los propios yacarés fumaban cigarros paraguayos y cortaban 10.000 lapachos por día con el serrucho de la cola. Y bien podía narrarse la agonía y muerte de un animal mordido por una yarará. Pero hoy muchos adultos consideran todo eso como «políticamente incorrecto». En la libérrima versión de «Cuentos de la selva» que Jorge Maestro y otros han escrito para el cine, tampoco figura la amistad de hombres y animales, encantadora en «La gamita ciega», y formidable en «El paso del Yabebirí», donde las rayas se sacrifican luchando contra los tigres en defensa del hombre que impidió la pesca con dinamita, y en «La tortuga gigante», con el largo viaje del quelonio agradecido cargando al cazador enfermo hasta Buenos Aires. Acá apenas figura un plano de un tortugón cargando hasta la orilla un tipo medio ahogado, así como, por otro lado, apenas figura el episodio de los flamencos y las víboras de coral (el libro explica por qué estos pájaros tienen patas coloradas y se lo pasan en el agua), y el loro amplía sus mañas, pero sin gesto alguno de valentía. Lo que sí aparece, medianamente, es la guerra de los yacarés armando diques contra los barcos que espantan la comida.
Por ahí va la cosa. Con intención ecologista, se describe la lucha de los diversos animales guiados por el yaguareté y un coatí joven contra una empresa que está talando los árboles para instalar un complejo moderno. Se inserta el conflicto de un niño urbano y solitario a quien el padre apenas tiene tiempo de atender. Se mete un lugar mágico donde los ancestros extintos dan consejos (pregunta vana, ¿acaso hubo pájaros dodó en estas tierras?). Y con todo eso se logra algo así como un pariente lejano de «Avatar» para niños. Suerte que Quiroga falleció hace rato.
Fuera de esto, que hubiera sido mejor darle otro título, el resultado es entretenido, gratamente colorido, trabajado en 3D argentino (Daniel Venditti), y con varios bichos muy bien diseñados, como el yaguareté y otros que recuerdan las máscaras y los hermosos muñequitos de madera que hacen los tobas, por ejemplo. Los humanos son más standards, como la propia historia. Muy buenas, las voces del loro alcahuete y la coatí enamorada. En síntesis, los niños pasan el rato. Pero los realizadores Liliana Romero y Norman Ruiz han hecho cosas mucho mejores.
P.S.

Dejá tu comentario