10 de julio 2009 - 00:00

Colza y cebada, alternativas al trigo en retirada

Muy extendida en campos de Europa, la colza posee en la Argentina una ventana de siembra que va desde abril hasta la primera semana de agosto.
Muy extendida en campos de Europa, la colza posee en la Argentina una ventana de siembra que va desde abril hasta la primera semana de agosto.
La carencia de humedad suficiente para la siembra de trigo plantea la necesidad de buscar otros caminos para poder armar la caja de diciembre y asegurar la cosecha gruesa. A pocas semanas de finalizar el período de siembra de la cosecha fina, muchos productores aún se debaten entre dejar una campaña y pasar el trigo por alto o arriesgarse, a pesar que las condiciones climáticas, con otro tipo de cultivo de invierno.

Pensar en hacer todo soja no parece ser el escenario más feliz, porque en el sudoeste la cosecha dio un promedio de 6 quintales por hectárea y en el sudeste, cuenca Mar y Sierra, los rindes se ubicaron entre 10 quintales y 12 quintales por hectárea.

A pesar de las adversidades, sin embargo, aparecen los cultivos de alternativa, como la colza y la cebada, para aprovechar los últimos tramos que restan de la etapa de siembra de la fina en el sudeste bonaerense. Si bien es cierto que algunos productores tienen la posibilidad de esperar y guardar el dinero para implantar soja, se estaría negando una rotación de cultivos necesaria para preservar la calidad de los suelos.

Frente a este escenario, «la colza puede ser un excelente cultivo por sus márgenes porque en el futuro aparece como una muy interesante posibilidad para la empresa agropecuaria», asegura Jorge González Montaner, asesor del CREA en la cuenca Mar y Sierra.

Las estimaciones indican que hay unas 200 mil hectáreas en Buenos Aires; y en la zona de Mar y Sierra, se habla de unas 27 mil hectáreas, de modo que la práctica del cultivo se encuentra muy organizada y concentrada en esa región. Además, actualmente existe una demanda importante de aceite de colza ligada a la producción de biocombustibles.

La otra oleaginosa

Con una amplia ventana de siembra que va desde mediados de abril a la primera semana de agosto, esta oleaginosa es una herramienta interesante si se tiene en cuenta que el mercado internacional paga actualmente desde u$s 210 a u$s 290 por tonelada. En algunos convenios armados con la exportación, puede pagarse hasta u$s 300, siempre que se haga en el sudeste bonaerense, debido a las características agroclimáticas de la región.

La incorporación de la colza en la rotación le permite al productor obtener una oleaginosa en invierno, ligada fundamentalmente al girasol y la soja, mejorando el control de malezas y la presencia de enfermedades, indicó un trabajo de la chacra experimental Barrow del INTA, en la zona de Miramar.

La práctica de este cultivo abarata costos para el tratamiento de las malezas, como el caso de las gramíneas, y permite una utilización más eficiente de la maquinaria, porque la siembra y la cosecha se realizan en momentos diferentes del de los cereales.

En cuanto a la nutrición del cultivo, según la zona, se recomienda utilizar fertilización nitrogenada, que muestra una respuesta similar al cultivo de trigo para obtener un rendimiento del 40%, que permitirá obtener una disponibilidad de 22 quintales por hectárea. En cuanto al uso de azufre (S), su ausencia, sumado al nitrógeno (N), deprime el rendimiento, pero hay que tener en cuenta que la fertilización con S es obligatoria en aquellos casos en que se observe estrés azufrado.

Respecto de la aplicación, se debe repartir el 60% del nutriente en el momento de implantación y el 40% en el momento en que comienza a desarrollarse la roseta, etapa previa al estado C2. En cambio, si las aplicaciones son desbalanceadas hacia la fecha de siembra, aumenta el consumo de agua al llegar la etapa de desarrollo de la roseta, con lo cual crecerá una planta muy exuberante que podría generar problemas en el abastecimiento hídrico.

Respecto de los pasos que se van a seguir para la aplicación de los nutrientes, antes que nada, el productor deberá estimar el potencial esperable en el ambiente de trigo, utilizando un coeficiente de 2,8 kilos de N. Este modelo permitirá obtener un rendimiento en colza del 40% con respecto al trigo.

La opción cebada

Las variedades de cebada utilizadas en la zona de mar y sierra son la Barke y Scarlett de ciclo más largo que las restantes; por esta razón podrían verse perjudicadas por el atraso en la fecha de siembra, que se ubica entre mediados de junio y todo julio para la primera de las variedades. La segunda se puede implantar durante todo julio. Ambas muestran un buen potencial de rendimiento.

En la cuenca de Mar y Sierra, la superficie destinada a este cultivo es de unas 21.000 hectáreas, al experimentar un desarrollo del 25,4% con respecto a las 7 mil hectáreas implantadas en 2005. En el orden nacional, el cultivo cubre unas 590 mil hectáreas, con una cosecha que en la campaña 2008/2009 totalizó 1,68 millón de toneladas, según datos de la Secretaría de Agricultura.

Este incremento no se reflejó en la reducción de la superficie destinada al trigo, pero esto obedece también al doble cultivo fina-soja.

La cosecha se realiza, en promedio, de 10 a 12 días antes que la del trigo, factor de vital importancia para la siembra de cultivos de segunda, básicamente soja, que establecida sobre cebada, rinde en promedio 3 quintales más que sobre trigo.

La cebada tiene a su vez mejor comportamiento ante la amenaza de hongos de suelo y en general produce un poco más que el trigo a iguales condiciones, y se adapta mejor que éste a potreros de menor nivel de producción, y a suelos sueltos.

Es muy elástica en la fecha de siembra.

El destino del grano en el mercado argentino es la industrialización para la obtención de malta. Toda la producción se realiza bajo contratos con las malterías (Cargill, Maltería Pampa y Quilmes) que proveen la semilla y, en muchos casos, la logística y el asesoramiento técnico. Los contratos toman como base la cotización del trigo. Una diferencia fundamental con el resto de los cultivos de invierno es que se produce una semilla que debe germinar para el proceso de malteado y no un grano para procesar. Por ello, hay determinadas características de la producción que se deben cumplir para recibir precios máximos. Tales características son: a) calibres altos (granos grandes); b) buenos niveles de proteína (máximas bonificaciones con niveles de proteína del 10,5% al 12,5% y rechazos con valores menores que el 9% y mayores que el 15%); y c) el porcentaje de germinación debe ser mayor que el 98%.