16 de enero 2012 - 00:00

Comedia ingeniosa sobre tema vibrante

Es mérito de la directora Helena Tritek haberle aportado encanto, imaginación y espíritu lúdico a este desfile de personajes en crisis.
Es mérito de la directora Helena Tritek haberle aportado encanto, imaginación y espíritu lúdico a este desfile de personajes en crisis.
«En el cuarto de al lado» de S. Ruhl. Dir. y Adap.: H. Tritek. Int.: G.Carrá, L. Cáceres, E. Meloni, V. Almeida, G. Bonafina y otros. Dis.Esc. y Vest.: E.Zanetti. Luces: J. Pastorino (Teatro «Apolo»)

Hacia fines del siglo XIX, cuando la energía eléctrica empezaba a introducirse en miles de hogares, hubo otras aplicaciones del rubro que tardaron un poco más en entrar. Uno de estos artefactos fue el vibrador, que mucho antes de venderse en los pornoshops fue utilizado con fines médicos en el tratamiento de pacientes histéricas. En verdad, vino a reemplazar el antiguo método de estimulación manual que requería de la intervención de comadronas.

Aunque los médicos seguían relacionando la histeria femenina con la insatisfacción sexual, no podían admitir que el instrumento utilizado en estos tratamientos persiguiese un propósito sexual.

La dramaturga norteamericana Sarah Ruhl (Illinois, 1974) descubrió este dato picante -y muy poco difundido- y no dudó en aprovecharlo. En base a datos históricos (por algo la pieza se titula «In the next room or the vibrator play») Ruhl desarrolló una comedia sexual y romántica con pretensiones de vodevil y una esmerada reconstrucción de época. No obstante, en esta mezcla de puritanismo, destape sexual y caricatura rétro, hay demasiados escenas sobre el tratamiento en cuestión que ralentan innecesariamente la acción y sólo provocan en la platea algunas risitas nerviosas.

Otras situaciones generan comicidad sólo por contraste con nuestras actuales reglas de comportamiento, cada vez menos sujetas a una moral unívoca. Es mérito de la directora Helena Tritek haberle aportado encanto, imaginación y espíritu lúdico a este desfile de personajes en crisis y a punto de darle un giro copernicano a su sexualidad. El Doctor Givings (Luciano Cáceres) está aplicando la nueva terapia eléctrica con muy buenos resultados, pero desatiende las necesidades de su esposa Catalina (Gloria Carrá) a la que trata como a una niña caprichosa y novelera. Esta escucha los gritos de placer de los pacientes y se desespera. Canta, baila, coquetea con ellos, generando complicidades y favoreciendo en su salón todo tipo de actividades, hasta que finalmente decide asaltar el laboratorio de su marido y prueba el invento por su cuenta.

Tritek planteó el conficto principal como una simpática batalla amorosa entre el mundo masculino (racional, práctico y con exabruptos machistas) y el femenino: soñador, apasionado y mucho menos fiel a las convenciones sociales.

Ellas no pueden disociar amor y sexo y necesitan de requiebros amorosos para disfrutar más. Eso es precisamente lo que reclaman a sus compañeros. Humor chaplinesco, canciones que disparan el amor, actuaciones coloridas y un atractivo marco escenográfico (el Art Nouveau que oprime y acecha con sus formas voluptuosas) creado por Eugenio Zanetti, también responsable del elegante vestuario de época.

El elenco está estupendo: Cáceres en el papel de un obsesivo que sólo registra su trabajo, Carrá como una excéntrica alocada que madura a ojos vista y el gran trío cómico: Esteban Meloni (el pintor-poeta que sabe enardecer a las mujeres, pero es gay), Victoria Almeida (una histérica de antología) y Gipsy Bonafina (la sabia asistente de Givings). Erica Spocito (la nodriza) y León Bara (el marido de la paciente) acompañan con igual eficacia.

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