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Comentarios Políticos
Elisa Carrió
Imposible pensar en un acuerdo negociado aún, como relata el columnista, donde el matrimonio Kirchner aparezca ahora en auxilio de los productores dejando atrás así la historia reciente de rencores.
Ni el kirchnerismo extremo ni los propios hombres del campo aceptarían un borrón y cuenta nueva en esos términos.
Y era obvio en el comentario que en medio de este nuevo conflicto aparezca Daniel Scioli reconociendo lo inevitable: «Esta vez el campo tiene razón», dijo el gobernador bonaerense aunque luego, según Clarín, se haya moderado en sus explicaciones por teléfono a la Casa Rosada.
Sea como fuere, Scioli sabe que en las elecciones de octubre buena parte de su sustento político en la provincia en los próximos años depende del éxito que pueda tener en el interior de ese territorio, donde precisamente el campo manda.
Y recién después de esos razonamientos avanza Blanck hacia el análisis más importante de su columna: aunque no convenzan en el gobierno los guiños de Scioli y otros gobernadores hacia el campo, Néstor Kirchner sabe que no es momento para alimentar otra guerra con ese sector.
Aunque el campo tampoco tenga hoy fuerza de combate para una protesta mayor, el kirchnerismo no puede ceder a manos enemigas ese territorio en un año como éste. Lo necesita para apuntalar candidatos como Carlos Reutemann en Santa Fe y para contrarrestar el peso negativo que hoy sufre el matrimonio presidencial en algunos sectores del conurbano bonaerense donde más golpea la dureza de la crisis. En una semana el kirchnerismo consiguió complicar a los sectores de menores recursos del primer y segundo cordón con el incremento dispar de las tarifas de servicios públicos y sin control de los boletos de colectivo; y a los sectores medios y altos con la suba de la electricidad y el gas que aún no llegaron.
Pero a pesar de ese escenario, Kirchner no escucha, según el columnista, ninguno de los razonamientos sobre la necesidad de tomar la única medida que hoy calmaría al campo y permitiría llegar a las elecciones de octubre en relativa paz con el sector: la baja en las retenciones a la soja.
De ahí que el columnista de Clarín vuelva a analizar, como solución a los problemas electorales del Gobierno, lo que no sólo no es ninguna novedad sino que es ya un clásico histórico: la lluvia de fondos en el conurbano bonaerense para calmar voluntades.
Calcula que de aquí a fin de año llegarán a las arcas de los intendentes unos u$s 1.500 millones, obviamente un costo superior al que debió pagar Carlos Menem cuando con u$s 600 millones anuales del Fondo del Conurbano Bonaerense mantuvo en paz a Eduardo Duhalde durante media presidencia.
Obvia el columnista que una crisis está directamente relacionada con la otra: no podrá haber lluvia de obras públicas entre los intendentes bonaerenses (muchas de ellas con autorización para que los propios alcaldes liciten y contraten), sin cierta tranquilidad fiscal, que por estos días no parece tan fácil de conseguir frente a una sequía que amenaza ya el 40% de la cosecha de soja.
Luego discurre sobre la mala praxis del Gobierno para comunicar de manera correcta lo que tiene que ver con la salud de la Presidente, y engancha directamente con una visión a vuelo de pájaro sobre los efectos de la crisis en el nivel de empleo de las grandes compañías del país.
Hay que esperar entonces hasta la mitad de la columna para llegar a encontrar información. Según el periodista, el conflicto con Techint excede el caso Somisa, y se relaciona en realidad con la intención del Gobierno de hacer pie en varias empresas del grupo, comenzando por TGN. El gobierno buscaría que Techint haga lobby interno para que otro socio de TGN (el fondo de inversión norteamericano Blue Ridge) se retire de la sociedad y que sus acciones pasen al Estado o a un grupo de empresarios amigos. Laborda interpreta que se trata del viejo proyecto K de formar una burguesía nacional de amigos cercanos al poder basada en la salida de inversores internacionales de compañías clave. El caso TGN sería sólo un ejemplo más.
Viene luego una teoría del periodista basada en una de las hipótesis que cada tanto lanza al aire Elisa Carrió: la negativa K para rebajar retenciones al agro, se debe a que los K estarían buscando que el precio de la tierra se derrumbe para que ellos u, otra vez, empresarios amigos, compren las hectáreas para luego sí rebajar los impuestos y volver a hacer el negocio agropecuario rentable. Esto justificaría además, para Laborda, que algunos gobernadores como Daniel Scioli empiecen a ensayar su despedida en el respaldo a la política oficial del Gobierno ante el campo, sabiendo que en octubre la situación electoral sería terminal para sus gestiones.
Finalmente el periodista aventura que la visita de Cristina de Kirchner a Cuba de estos días, pueda ser una primera intención de acercamiento a los dirigentes de izquierda que en algún momento estaban enamorados de los K (Miguel Bonasso, Jorge Caballos, Vilma Ibarra), ante la necesidad de comenzar a estructurar una oferta electoral para octubre.


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