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Como el Conde de Montecristo pero al revés
Rosario Dawson, Will Smith y el gran danés vegetariano en «Siete almas», de Gabriele Muccino.
La misericordia de «Siete almas» es tan vasta que un solo corazón no le fue suficiente al guionista. Ni siquiera un par de ojos: el espectador que se arriesgue a verla ya entenderá por qué. Especie de «Montecristo» a la inversa, el personaje de Will Smith regresa de un accidente terrible con el firme propósito de hacer el bien entre siete personas elegidas al azar, siempre y cuando éstas se encuentren en aprietos o su vida corra peligro. Sobre su conciencia pesa una enorme culpa también vinculada al número siete y ha decidido purgarla de esa manera.
Su personaje es altruísta, bondadoso y afroamericano, a diferencia de Montecristo que era egoísta, pérfido y galoeuropeo. Sin embargo, cuando los elegidos lo ven acercarse no pueden sentir menos que temor: él les informa que es inspector de réditos, y de hecho suele llevar consigo los informes de sus abultadas deudas con el fisco. Pero, cuando no sólo les congela la mora sino que también se ofrece a arreglarles las malezas del jardín o a pasearles y cuidarles el perro, como ocurre con el gran danés de Rosario Dawson --está bien, por ella siente algo más que por la anciana narcotizada o por la latina a la que le pega el novio--, se termina de entender por qué el guión de Grant Nieporte (un nombre que habría que retener, siquiera por precaución ante la próxima) no fue considerado para el Oscar.
Tal es la bondad y pureza de esta historia, dirigida por el romanoamericano Gabriele Muccino, que hasta los personajes secundarios se ocupan de enrostrarle sus virtudes al espectador: Woody Harrelson, que en «Asesinos por naturaleza» de Oliver Stone se cargaba a medio elenco, ahora es un pacífico telefonista no vidente incapaz de sentir ira, y hasta el gran danés es vegetariano (claro que por culpa de su dueña, que profesa esa práctica y no le permite ni roer un hueso al pobre mastodonte al que sólo arregla con tofu).
Hitchcock, el director angloamericano de condiciones de peso superiores al standard, dijo una vez que la medida de eficacia de una película era su villano: cuanto mejor definido estuviera, mejor el film. A «Siete almas» no sólo le hace falta inteligencia sino, sobre todo, un buen villano.


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