6 de enero 2011 - 00:00

Cómo enfrentarse al misterio de la muerte

Matt Damon y Cecile De France en «Más allá de la vida», sensible relato sobre cómo enfrentan el misterio de la muerte una periodista, un niño y un medium, entre otros.
Matt Damon y Cecile De France en «Más allá de la vida», sensible relato sobre cómo enfrentan el misterio de la muerte una periodista, un niño y un medium, entre otros.
«Más allá de la vida» (Hereafter, EE.UU., 2010, habl. en inglés y francés). Dir.: C. Eastwood. Guión: P. Morgan. Int.: M. Damon, C. de France, G. McLaF. McLaren, D. Jacobi, B. Dallas Howard, M. Keller, T. Neuvic, J. Mohr.

Conviene aclararlo: ésta no es otra película de fantasía sobre espíritus amables que cuidan a sus deudos, o gente muerta poniéndose indecorosamente a la vista de los niños, ni nada de eso. Una periodista estuvo a punto de morir y se sintió en el famoso túnel, pero según dicen ésa es una imagen bastante común para muchos agonizantes. Y un hombre tiene la rara capacidad de percibir cuáles son los muertos queridos de los otros, pero tanto puede ser un medium como sólo alguien con una poderosa capacidad telepática. El capta la carga que ellos traen a flor de piel y hace un poco de circo, necesario para consuelo de la gente.

Precisamente, ésta es más bien una película sobre el consuelo ante la muerte, el «de aquí en más» que sigue a los momentos dolorosos, y la obligación de los que viven. En varias escenas alguien se hace responsable de algo, o carga una responsabilidad que le parte el alma. Por ejemplo, un cliente que sufrió de amor durante años por otra mujer, en silencio, para no herir a su esposa enferma. O la periodista que siente la obligación de contar su experiencia frente a una sociedad incrédula. O el médium, agotado de tanto dolor ajeno y del negocio que su propio hermano quiere hacer a sus expensas, pero aun así resignado a brindarle su ayuda a un niño que quiere tener aunque sea una última conversación con su hermanito gemelo, recientemente fallecido.

Hay tres historias, que al final se cruzan. La del niño es la tercera, la más común y más intensa. El busca entre las religiones, entre los charlatanes de toda clase, algo que le brinde lo que necesita. Nada se aleja demasiado de la realidad. Ni el misterio de la muerte, ni la esperanza de otra vida. Todo depende de lo que uno quiera creer, y del consuelo que quiera recibir. Y todo está expuesto con mucho respeto, intensa pero controlada emoción, notable riqueza en la pintura incluso de los personajes más circunstanciales, muchas sugerencias de diversa clase, varias de ellas profundas (aunque eso ya depende de la capacidad de bucear de cada uno), y, al final, una tranquilidad que también duele, pero dulcemente.

Un poquito antes hay un final diríamos convencional, hecho para respiro de la audiencia, algo totalmente válido. Pero antes aún, hay secuencias imborrables, empezando por la del tsunami, excelente aplicación dramática de los efectos digitales, tanto más creíbles cuanto más recuerdan a los registros auténticos hechos por los propios turistas en aquel desastre. Luego, un accidente y una explosión que de pronto nos recuerdan el albur de la existencia. Errores cometidos inadvertidamente en el descuido de la alegría. Y los toques claramente dickensianos en la historia de los niños ingleses, como su aventura frente a los inspectores de bienestar social o la incompetencia del insulso capellán de cementerio, así como el empleo de los cruces casuales (el más íntimo, un hecho acaecido en otro lado se traslada a Charing Cross, «casualmente» donde el escritor trabajaba en una fábrica cuando niño). Dicho sea de paso, por algo este film pone una celebración absoluta del gran narrador de los humildes Charles Dickens en boca de Matt Damon y sobre todo del formidable Derek Jacobi, actor invitado.

Formidable también, el director Clint Eastwood, de mano tan suave y precisa como la música de piano que él mismo compuso para el film. Y excelente, minucioso, reflexivo sin la menor retórica, el guión de Peter Morgan, acaso el mejor que hizo hasta ahora, y eso que tiene muy buenos. En resumen: así da gusto empezar el año.

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