Habiendo convencido a Alemania de que vote positivo en el Board del Fondo Monetario Internacional el próximo 23 de agosto, cuando se trate el caso argentino, quedan ahora seis días para lograr el objetivo más complejo: la mano levantada de Japón. Este país y sus representantes en los organismos financieros mundiales son hoy los mayores críticos contra Argentina, y aún no se sabe qué actitud mostrarán cuando el Staff Level Agreement se debata y vote en el Directorio encabezado por Kristalina Georgieva. Y si bien se estima que están ya los votos para el respirador artificial que recibiría el país desde el FMI hasta diciembre, expresado a través de unos u$s10.750 millones aproximadamente, una negativa de Japón a avalar lo ya negociado y acordado entre el Palacio de Hacienda de Sergio Massa y el departamento para el Hemisferio Occidental de Rodrigo Valdés, sería un pésimo antecedente. Ante el panorama, el propio ministro y sus funcionarios negociadores ante el FMI despliegan desde estos días estrategias directas para explicar ante Japón la situación.
Argentina cuenta ya con una masa crítica importante. Entre Estados Unidos, la Unión Europea casi a pleno, Francia, Brasil, China, Rusia y los bloques que habitualmente votan de una manera menos crítica sobre el país (nunca nadie está plenamente conforme con lo que se plantea sobre el país), estaría ya garantizado en el Board el apoyo necesario para la aprobación del nuevo acuerdo que regirá a las partes al menos hasta diciembre.
Como lo que propone el país es una alteración de las normas ya establecidas por el incumplimiento del Facilidades Extendidas vigente hasta abril, sólo una votación de más del 85% podría avalar el pedido. Para esto, el apoyo de Estados Unidos es la clave ya que detenta el 16,74% de las acciones, con lo cual sin este aval sería imposible que la intención de alterar (levemente) la Carta Orgánica del FMI prospere. Algunos afirman que, en realidad, al ser un cambio en un acuerdo ya vigente sólo se necesitaría el 70% de los votos positivos, un nivel para el que igualmente se requiere la aprobación y militancia de los Estados Unidos. En total, el Board está integrado por 24 directores que representan porcentualmente diferentes niveles de poder dentro del organismo. Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia y el Reino Unido pueden elegir un director sin ayuda de ningún otro país; China, Arabia Saudí y Rusia eligen de facto un director cada uno; mientras que los 16 restantes lo eligen según bloques de estados.
Massa ya sabe de la posición crítica de Japón. El ministro de Economía ya se cruzó con la irreductibilidad japonesa en marzo pasado, cuando negociaba con los acreedores del Club de París un acuerdo definitivo con esa entidad. Todos los países a los que Argentina le debía dinero aceptaron. Sólo Japón exigía condiciones más duras para la firma del convenio.
Figura clave
Como contó ayer este diario, el lobby personal de Sergio Massa sobre un alto funcionario alemán hizo que este país (el otro estado junto con Japón con posición crítica) decidiera apoyar el nuevo acuerdo. El ministro de Economía habló hace 10 días con Jörg Kukies una de las figuras más importantes del gobierno de Alemania en cuanto a las finanzas y las relaciones económicas internacionales, y logró el aval.
Se trata del secretario de Estado de la Cancillería Federal, cargo que ocupa desde abril de 2018. Anteriormente, fue codirector ejecutivo de Goldman Sachs AG y director general de la sucursal de Fráncfort de Goldman Sachs International de 2014 a 2018. Hombre educado fuera de su país, con un título de ciencias económicas en la Universidad Pantheon-Sorbonne de París y un máster en administración pública por la John F. Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard, además de un doctorado en finanzas por la Graduate School of Business de la Universidad de Chicago, Kukies tiene, entre otras responsabilidades, la de trazar la política alemana ante los organismos financieros internacionales, incluyendo, obviamente, al FMI.
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