6 de mayo 2013 - 00:00

Cristina y el dilema de la oferta K: ¿el fin del reino del apellido?

Alicia Kirchner, Sergio Massa, Florencio Randazzo, Diego Bossio
Alicia Kirchner, Sergio Massa, Florencio Randazzo, Diego Bossio
Desde 1989 hasta 2011, ininterrumpidamente el kirchnerismo puso un Kirchner en su boleta mayor. A veces, como en 1995, amontonó dos: Néstor para reelegir como gobernador en Santa Cruz y Cristina para pelear una banca de senadora nacional. El método, más que una cábala, fue un sello político: la construcción de un mando unívoco y ganancial hiperconcentrado en el apellido K.

Cristina de Kirchner fue candidata en 1989 y 1993 a diputada provincial, en 97 a diputada nacional, en 1995, 2001 y 2005 a senadora, y en 2007 y 2011 a presidente. Néstor a gobernador en 91, 95 y 99, a presidente en 2003 y a diputado en 2009.

Satelital, Alicia Kirchner aportó a la estadística: su hermano la arrancó del Ministerio de Desarrollo Social para ubicarla como candidata a senadora por Santa Cruz en 2005, no sólo para reforzar el frente local sino para sondear a la "hermana Alicia" para una eventual heredera en la provincia.

La batalla electoral de 2013 puede degollar esa costumbre. El nombre de la cuñada presidencial irrumpió, a mediados del año pasado, como segura candidata a diputada nacional por la provincia de Buenos Aires.

La objeción de que no tenía domicilio en Buenos Aires y que no aparece en los padrones de 2011 es un argumento precario: la ministra vive hace tiempo en una quinta del conurbano oeste, estadía que puede justificar su bonaerensismo catastral, en los términos -laxos- que pide la Justicia. Un antecedente es José "Pepe" Scioli que en 2011 fue aceptado con sólo mostrar que pagaba las expensas de un country en Cañuelas. Antes, al propio Kirchner se le concedió la "ciudadanía" provincial por haber vivido en la quinta de Olivos mientras era presidente.

Si la mudanza se hizo en estas semanas, cuando se conozca el padrón el 10 de mayo, o cuando se incorporen "novedades" antes del 25 de Mayo, puede figurar.

El dilema con Alicia no es formal sino político. La ministra no tiene volumen propio y lo que mide, por la positiva o la negativa, lo hereda de Cristina. Es decir: cuando Cristina sube, Alicia sube; cuando la Presidente baja, Alicia baja. Esto con una ministra de discretísimo segundo plano a la que casi no se le conoce la voz.

El temor de algunos dirigentes K se enfoca en cómo puede impactar una Alicia candidata top, con alta visibilidad y nutrida presencia mediática. La respuesta es lineal. "La figura de la campaña va a ser Cristina" responden en Casa Rosada a los interrogantes sobre los candidatos, en particular bonaerense y el eventual protagonismo de Alicia K.

A partir de aquellas dudas, se expandió la negación de lo jamás confirmado: que Alicia, la que iba a ser cabeza de lista en la provincia, no será nada este año porque sus indicadores electorales asoman, en principio, lejos de garantizar una victoria K.

Si ésta fuese finalmente la decisión -a pesar de las especulaciones en el cristinismo y La Cámpora se afirma que la candidata será Alicia-, por primera vez en 22 años, el kirchnerismo no llevaría un Kirchner en la boleta. El dato puede ser una anécdota o un indicio pero, en cualquier caso, inagura la incógnita de quién encabezará la boleta. Algunas pistas:

  • En el staff K no abundan los candidatos con entidad o presencia en las encuestas. Además de Alicia, que medida individualmente está lejos de ser una estrella electoral, aparecen dos nombres: Florencio Randazzo, ministro de Interior y Transporte, y Diego Bossio, titular de la ANSES. Son los dos que despegaron en las últimas semanas en base a un solo elemento: son, entre los funcionarios K; los que presentan mejores datos en los sondeos de opinión pública. Otros nombres, algunos voluntariosos como Gabrlel Mariotto -que se ofreció a ser testimonial-, el diputado Julián Domínguez, el secretario de Seguridad Sergio Berni o intendentes como Martín Insaurralde están, en la numerología, en el pelotón de "otros".

  • Lo curioso es que, de todos esos, Randazzo fue el único que se animó a decir en público que no quiere ser candidato como si intimimamente entendiera una candidatura más como un castigo que como una bendición. El otro nombre que se resiste a ir en la boleta es Daniel Scioli que, quizá por deseo, sostiene que esa alternativa no está en el análisis de Cristina. "Además yo no garantizo un triunfo" le confesó a su gente para que lo diga a otros. El rumor de la testimonial puede, llegado el caso, tener el objetivo de fulminar al gobernador: ponerlo en el dilema de ser testiimonial otra vez o tener que abandonar la provincia a lo Ruckauf. Algo así como que Scioli se inmole para ayudar a quien quiere destruirlo.


  • El tercer componente es Massa y sus vaivenes. El alcalde mantiene la expectativa con un mecanismo curioso: no agredir a Cristina, que se atribuye a una negociación silenciosa para contener al massismo. Es una chance lejana, sino imposible, que se convierta en el candidato oficial del Gobierno porque de ese modo, la presidente quedaría al margen de la elección: con Massa candidato -quizá tamibén con Scioli- la victoria sería de otros y no de Cristina. Casi una remake de De la Rua en 2001: candidatos del gobierno con mirada crítica y disidencias con el gobierno.
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