18 de enero 2017 - 00:00

“Cromañón marcó a toda nuestra generación”

A los 27 años publicó el libro “Los accidentes”, y la Feria del Libro de Guadalajara la eligió como uno de los 20 escritores jóvenes de América Latina.

Fabbri. También dramaturga, escribió y puso en escena las obras “Brick”, “Mi primer Hiroshima” y “Condición de buenos nadadores”.
Fabbri. También dramaturga, escribió y puso en escena las obras “Brick”, “Mi primer Hiroshima” y “Condición de buenos nadadores”.
A los 27 años, Camila Fabbri, egresada de la carrera de dramaturgia de la Escuela Municipal de Arte Dramático, ha escrito y dirigido las obras teatrales "Brick", "Mi primer Hiroshima" y "Condición de buenos nadadores"; fue nominada a los Premio Cóndor como actriz revelación por su actuación en "Dos disparos", de Martín Rejtman, y por su opera prima, el libro de cuentos "Los accidentes", que publicó Notanpuán, fue seleccionada por la Feria de Libro de Guadalupe, México, como uno de los veinte escritores jóvenes de América Latina. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Sus cuentos se pueden relacionar con los de Silvina Ocampo, Samanta Schweblin o Mariana Enríquez, por asomar a lo extraño en la vida diaria?

Camila Fabbri: Eso no es atributo de un grupo ni de un género. Cuentistas como Carver, Cheever o Roal Dahl relatan situaciones cotidianas donde algo pequeño desencadena algo oscuro, y no se determina qué tan oscuro es. Se muestra una realidad tal como se la ve a diario y, de pronto, aparece un hilo desencadenante de algo trágico o no, algo que no todos ven, y los que lo advierten pueden señalar esa posibilidad latente. Se busca mostrar que detrás de todo lo que pareciera estar bien acecha la posibilidad de que todo pueda pasar a estar mal en un instante. Son historias que sólo se pueden encontrar en relatos breves. En "Los accidentes" no todas son catástrofes, pero está siempre ese hilito que si se tira de él aparece lo insospechado.

P.: En el cuento "Condición de buenos nadadores" elige una fórmula clásica, final inesperado y sorpresivo, para una insospechable confesión padrehijo.

C.F.: Ese final tiene que ver con lo escénico. "Condición de buenos nadadores" nació como obra de teatro. La escribí como el monólogo de alguien que le habla a otro que decide no contestar. Me apareció la idea de una pileta de natación y un padre que le habla a un hijo. Esa obra la monté el año pasado en el natatorio del Club Vasco Gure Echea, en el Once, y pronto vamos a retomar las funciones. El final precisaba poner en escena esa sorpresa final que, en el relato, se abre a la imaginación del lector. Ese cuento es el que más juega con lo escénico. El otro que fue obra de teatro es "Mi primer Hiroshima". María Canale hacía de la aviadora que enrostra su enamoramiento feroz a Julián Infantino, y atrás pasan imágenes de bombas sobre Hiroshima, de ellos como pareja y de un combate en un ring de boxeo.

P.: ¿Cómo va del teatro a la literatura?

C.F.
: Las dos son escritura. Lo primero que hice fue escribir. De chica inventaba historias. Entré al teatro escribiendo. Tomé clases de actuación con Julio Chávez y en el IUNA, pero eso nunca me terminó de gustar. Siento que hay algo físico, expresivo, que no termino de poder dar. Y si fui nominada como actriz revelación por "Dos disparos" fue porque los personajes de Martín Rejtman se destacan por su poca expresividad, y debí dar lo que él estaba buscando. A mí me gusta la escritura.

P.: Y la eligieron en la selección de los 20 escritores jóvenes de América Latina que se presentó en la Feria del Libro de Guadalajara.

C.F.:
Sí. Por la Argentina fuimos Mauro Libertella y yo. Se presentaba a "Los ochenteros", los escritores nacidos en los años ochenta. Mi participación fue especial porque nací en 1989, y pertenezco más a los "noventeros". Fue una experiencia enriquecedora descubrir vasos comunicantes entre gente distante, tener un lugar en el oficio de contar. Tampoco quiero dejar afuera otras cosas porque en el narrar todo tiene relación y yo tengo diversas capacidades que no quiero apartar.

P.: ¿Qué le suma haber sido chica en los 90?

C.F.:
Puedo hablar de lo que empecé a sentir desde los diez años. Recuerdo el 2001 como un desastre que no terminaba de entender, pero que nos hacía salir por la noche a golpear cacerolas, y veía gente llorando desconsolada. Si bien fui a esas marchas con los míos, me marcó Cromañón, que es parte de mi generación. Ahora estoy tratando de trabajar sobre eso. Es algo muy cercano. Los que ven el hecho desde afuera no llegan a comprender que fue algo que marcó y mucho, fue antes y un después en nuestras formas de vivir, de relacionarnos. "Callejeros" hizo tres funciones en Cromañón, yo fui a la segunda y la tercera fue la de la tragedia. Se quebró el paradigma de la juventud que puede salir a divertirse, a no tener el peligro como algo presente. Nos cambió mucho, por lo menos a mí. Soy hija de todo aquello, acaso por eso en mis relatos aparece lo destructivo, lo oscuro, lo temible, pero también el humor, lo esperanzador. Soy, a la vez, de la generación digital, del libre acceso a internet, los tiempos de la sobrecomunicación, de estar tan conectados que nos desconectamos de lo que importa.

P.: ¿Qué escritores le gustan?

C.F.:
¿Puedo hacer una ensalada? Una empieza desde lo inmediato, por ejemplo la reedición de Sara Gallardo me permitió descubrir "Los galgo, los galgos". Me encanta David Foster Wallace. Un argentino, Sergio Bizzio. David James Poissant me fascinó con cada cuento de "El cielo de los animales". Y como a tantos me marcó el humor fatalista de las "Mafalda" de Quino leídas y releídas en la infancia.

P.: ¿Ahora qué está escribiendo?

C.F.:
Cuentos, sumando cuentos. Tengo una novela que dejé reposar: "Trinidad", la mandé a un concurso y salió finalista. No volví a ella. Prefiero trabajar en formas breves, en cuentos, lo mío por el momento va por ahí. En Guadalajara me pedían novelas, es lo que se supone que quiere el mercado. Recordé que Samanta Schweblin dice que escribe cuentos porque le gusta escribir cuentos, y que "Distancia de rescate", su novela, fue un cuento que se le alargó, fue un hijo no buscado. Pensé: ah, bueno, puede suceder sin uno planteárselo; sigamos, entonces.

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