31 de julio 2012 - 00:00

Cuarteto Stradivari: perfección insuperable

El Cuarteto Stradivari con el violinista Alfonso Ghedin como solista ofrecieron una extraordinaria versión de los quintetos para cuerdas de Mozart, el fin de semana en el Colón.
El Cuarteto Stradivari con el violinista Alfonso Ghedin como solista ofrecieron una extraordinaria versión de los quintetos para cuerdas de Mozart, el fin de semana en el Colón.
Cuarteto Stradivari. Invitado: A. Ghedin (viola). Obras de W. A. Mozart (Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 29 de julio).

El hecho de que el Cuarteto Stradivari y el violista Alfonso Ghedin hayan grabado recientemente la integral de los quintetos para cuerdas de Wolfgang Amadeus Mozart no es un dato accesorio, sino -podría decirse- la causa lógica de que la versión que brindaron de ellos para el Mozarteum Argentino el pasado fin de semana en el Teatro Colón haya sido de una perfección difícilmente superable.

El concierto del domingo, segundo del ciclo de los quintetos, fue un auténtico «tour de force» (considerando que se trata de obras de envergadura) en el que ni el más mínimo matiz ni la menor inflexión parecieron libradas al azar, e incluyó las tres últimas obras para esta formación escritas por el compositor al que el Mozarteum homenajea más que nunca en esta temporada número 60: los quintetos Köchel 406 en do menor (arreglo de la «Serenata para vientos» K. 388), 593 en re mayor y 614 en mi bemol mayor, cuya publicación póstuma indica que fue «compuesto para un amateur húngaro», probablemente el violinista y comerciante Johann Tost, ex integrante de la orquesta de Haydn en Esterháza.

Fundado en 1994 por los músicos rumanos Mariana Sirbu (nombre asociado por 10 años al celebérrimo conjunto I Musici) y Mihai Dancila junto a su hija Cristina y el violista Massimo Paris, el ensamble reúne una homogeneidad sonora apabullante en la cual Ghedin no desentona. Con un manejo casi idéntico del arco (evidente además por el hecho de que se trata de maestra y alumna), las violinistas trabajan a la par en un conjunto donde cada integrante sabe interactuar con la conciencia del todo que es requisito imprescindible en la música de cámara, y a la vez destacarse individualmente.

El lenguaje de Mozart, transparente o denso, rústico o elegante, despreocupado o serio (abarcan casi sus últimos diez años de vida incluyendo el de 1791, uno de los más prolíficos y extraordinarios), tuvo en las cuerdas del Stradivari un vehículo ideal de expresión, y la ejecución concentrada de sus miembros tradujo detalladamente la riqueza del legado del compositor.

Dejá tu comentario