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Cupones bursátiles
En otras épocas, el mundo solía dividirse entre regiones -o países- que sufrían serios deterioros económicos y aconsejaban salir de su esfera. Pero existían varias alternativas para ponerse a resguardo. Como vienen las cosas en estos pasos de 2010, el cristal oscuro tiende a cubrir -total, o parcialmente- esas alternativas. Si los llamados «desarrollados» andan mal seguramente harán tambalear a los de segundo, tercer orden, cubriendo posiciones en ciertos mercados, con la sangre que extraen de otros. Así que se puede rondar por causas del lugar donde están centradas las posiciones, o por simple «efecto dominó», que vaya volteando las piezas, aunque no tengan que ver directamente con la problemática. Y -como bien decía un forense- «al muerto no le interesa demasiado saber qué dice la autopsia...».
Por el momento, sin colocarles tapujos a las evidencias, lo que emerge de estas primeras semanas del nuevo ejercicio es que todo viene muy endeble, muy entrelazado, con impulsos que duran poco. Y con cambios tan bruscos, como súbitos. Hablábamos días atrás acerca de la enorme matanza que se ha producido en todas partes, de una capa inversora de largo plazo que constituía la gran base de muchos mercados. La familia, tomando a las acciones como activo a guardar y percibiendo sus rentas. Sin dedicarse al juego corto, a la utilidad inmediata. El «gran colchón» de un mercado como el líder, el Nyse, que deberá pagar su factura durante buena cantidad de años, antes de que tal cultura bursátil familiar pueda acercarse nuevamente. Y el temor a la «muerte súbita» del capital no es sencillo de erradicar, de mentes que no están jugando sus ahorros en una Bolsa, sino invirtiendo.
Por aquí, el cambio tan drástico no lo sentimos, ya que nuestro sistema se había encargado -hace rato- de hacer matanzas sobre el inversor de escaso porte, el individual, el ahorrista en acciones, el inversor capaz de comprar «para guardar». Hace mucho tiempo que tal importante base quedó como especie extinguida. De allí que a pesar del espectacular recorrido del Merval en 2009, el volumen del mercado haya resultado tan sumido, tan grotescamente pobre. Acaso a los demás les vaya pasando lo mismo. Lástima.


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