2 de junio 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando en la década del 90 se hizo el debido «marketing» para vender el sistema de AFJP, oportunamente descreímos de que ello iba a resultar aporte esencial para desarrollar a nuestro mercado bursátil. Debidamente registrado en «cupones» de la época, decíamos que -en verdad- esto se instauraba en el país para terminar siendo receptáculo de las necesidades del Gobierno de turno y que llenaría a las entidades de los correspondientes «títulos públicos». Una nueva vertiente para colocar «papeluchos» públicos, financiado por el ahorro privado.

Posteriormente, fuimos también críticos de la función de las Administradoras de Fondos Pensión: las que en virtud de que le autorizaran vergonzosas comisiones por su gestión, se limitaban a formar todas similares carteras y que bien podía armarlas cualquier simple alumno de secundaria. También, cuando se produjo el bochornoso intercambio entre Cavallo y las entidades, lo dejamos escrito en esta columna. Así que en esto no hay ninguna posición tomada en pro de lo que podía resultar un sistema útil, pero muy mal organizado y con la sola finalidad de la voracidad de gobiernos que lo regirían a gusto y placer, impidiendo la composición de activos razonables para las AFJP y con el denigrante intercambio de comisiones usurarias, por carteras digitadas desde un ministerio. Todo terminó en manos de la ANSES. Y tampoco nos parece normal, ni admisible, que ahora hayan armado una AFJP única y omnipotente con una «mesa de dinero» armada en su seno y para realizar lo mismo de lo que acusaban al otro sistema: especular en el mercado, con dinero de jubilaciones.

Con el agravante de que han desaparecido las cláusulas y límites que debían respetar los Fondos Pensión. Por caso, no exceder determinado porcentual de cada compañía. Y no acumular posiciones para ejercer derechos políticos. Ahora, frente a la presentación orgullosa realizada en la ANSES de una «mesa» preparada a full, se advierte que serán funcionarios oficiales ejerciendo la doble acción: colocar directores en las empresas, de las que poseen altísimos porcentuales. Y estar presta para efectuar una directa intervención a la formación de precios y tendencia, tanto en el sector de los «bonos públicos» como en el diminuto mercado de «títulos privados». Cuando se les venga en gana podrán aparecer con su «poder de fuego» y distorsionar lo que pueda resultar un curso natural, en bonos o acciones. Esto es llanamente un mercado interferido, y a sus designios.