- ámbito
- Edición Impresa
Cupones bursátiles
Sólo para decir que no continuaremos -por ahora- ya nos ha llevado varios párrafos y antes de seguir retroalimentando la bronca, mejor poner punto, a parte.
Y para volar bien lejos, nos vamos al panorama del exterior, donde hace pocos días atrás surgió Obama pidiendo un «made in USA». Y tras breve pausa, apareció Sarkozy replicando -desde Francia- con una «made in France». Que estuvo condimentado con apelaciones muy a nuestra usanza -para recordar que también son latinos- y de una factura francamente sensiblera, para un tango.
El ministro de Industria -llamado Estrosi- anunció medidas para apoyar «el patriotismo industrial francés...». Y amonestando a empresas francesas, porque «no están comportándose muy bien (al utilizar insumos extranjeros)». En otro arranque bien burocrático, muy a nuestro estilo, ahora se prevé armar una «nueva agencia de vigilancia», que fiscalice los productos franceses y sus componentes.
Todo es muy bonito. Aquí también se ha visto, y ya se ha practicado, una actitud proteccionista que ha traído no pocos disgustos con otros países. No es ajeno a las crisis que aparezcan esos rasgos, invocando al patriotismo o al vivir con lo nuestro, o a crearles zonas exclusivas a empresas locales -que suelen tornarse menos competitivas, al verse tranquilas en su reducto de caza-, pero, cuando esto aparece de modo tan manifiesto y directo en aquellos países que constituyen la cúpula mundial, el ejemplo cundirá de inmediato y para que muchos lo repitan, sin remordimientos. La pregunta que se desprende es: ¿cómo es que si la mayoría protege lo suyo, pero además quiere exportar, se pueden resolver ambas cuestiones? Y dónde queda el concepto de estos años, sobre la «globalización». Las dificultades están reavivando un instituto de supervivencia, y un sálvese el que pueda, a cambio de ciertas posturas que contenga cierto grado de brillantez. (Entre Keynes y el proteccionismo: huele a sótano húmedo...).

