6 de diciembre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Ya no se sabe bien qué es lo que corresponde como terreno legítimo a los índices bursátiles. Si uno los observa respecto de aquello que les tiene que servir de verdadero respaldo es fácil concluir que andan por las nubes. Ni hablar de nuestro Merval, volteando nuevos límites históricos, pero también lo que se refleja en el Dow Jones -el indicador «piloto»- que se llegó a situar como si en la economía de Estados Unidos todo estuviera floreciente.

La «plata mala» que deriva hacia activos tangibles -de fácil liquidez- es lo único que puede apuntalar el aumento de los índices en muchas partes. Porque tal como siguen estando las cuestiones lo único que se sigue agigantando es la idea de que nadie acierta a poner «el cascabel» a la crisis.

Ya en Europa han ingresado a una suerte de «mix», entre lo que hace como única fórmula Estados Unidos -imprimir dólares y volcarlos- y la idea de realizar «ajustes» necesarios, que privaba entre los europeos. Desde la pasada semana no se entiende bien el hecho de correr con las ayudas, mientras -al mismo tiempo- los países «hacen ver» que cumplen con ajustarse. Con tal de obtener dinero todos prometen lo que sea preciso...

Mundo de locos

El inversor común -la mira que siempre aplicamos- solamente tiene la opción de intuir, acertar, acomodar sus actitudes a la marejada donde lo lleva el mercado. Y abandonar sus propias convicciones en un mundo de locos donde los que parecen estar a contramano son los cuerdos.

Aquel principio de Keynes en el concurso de belleza, votar por lo que uno supone que habrán de votar la mayoría de los jurados, resulta una fórmula cierta para no equivocarse en la elección. Con las propuestas que están en danza, con la carencia de talento y de ideas que imperan en todos los países rectores, el porvenir se convierte en una simple «charada». Por allí estaba España anunciando su «ajuste», anticipando la jugada, donde aparece que quiere privatizar un 30% de la banca de juego oficial. Torpeza mayúscula, el de un Estado que se quita de encima aquello donde no se puede perder nunca. Y tras ello su ministro de finanzas, a viva voz, solicitando que los «bonos» a emitir se los compre el Banco Europeo. Prueba del grado de «activo tóxico» que poseen esos papeles que todos habrían de repugnar. Un disparate.

Dejá tu comentario