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Cupones Bursátiles
Prácticamente, ingresamos a la última semana apta para que los negocios le puedan ganar a «Papá Noel», con lo cual se puede dar por terminado el ejercicio 2010. Y el rasgo que más nos resulta distintivo es el perfil de «cansancio» que recorre los diversos indicadores, sin importar calibre ni zona geográfica del mercado. Y es seguro que hay muchos temas capaces de haber erosionado hasta el espíritu más entusiasta, durante un trayecto del ejercicio que contuvo de todo y no, justamente, novedades felices. Desde tal ángulo es que creemos que lo hecho por el último cuatrimestre del Merval tiene que ser considerado: de brillante, a excepcional. Simplemente, porque no contaba con condiciones locales de otros, porque venía sumamente sumergido en los primeros ocho meses de intrascendencia y -en definitiva- porque no se debe perder la idea de magnitud del rendimiento.
Un 45% -en dólares- es lo que deparó el mercado argentino para una cartera líder, ponderada. Pudo alcanzar primero, y sobrepasar después, al que venía siendo un índice inalcanzable: el IPSA de Chile. Que al cabo de la semana estaba con un 38% de ganancia. El caso mucho más llamativo es el del indicador de San Pablo, ya que Brasil reúne todas las condiciones -y elogios globales- como verdadera potencia de la región.
Neutralidad anual
Con la suba del viernes, apenas si puede arribar a una condición de neutralidad en el año: sin utilidad alguna. Tal vez, el interrogante más difícil de tratar de resolver, inclusive cuando el oficialismo se impuso en las elecciones y asegurando la continuidad, de una gestión económica reconocida. Además de la dosis de buena fortuna, que acompañó a Lula con hallazgos de recursos naturales de notable proyección.
Invertir en papeles argentinos arroja un 45% en el ejercicio -mediante un cuatrimestre final espectacular-, mientras que invertir en activos de Brasil no rinde nada. Hasta el desorientado índice Dow Jones pudo aportar hasta aquí casi el 10% de suba, dato que hunde todavía más la imagen brasileña. Por esta vez, los mejores del mundo llevan colores argentinos. Ya es mucho... muchísimo.


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