15 de diciembre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Cierto es que si alguien cambiaba dólares a finales de agosto, colocaba el dinero en acciones y a fin de noviembre volvía a dólares (que lo esperaban a no más de 4 pesos, como ya estaban) se estaba concretando la diferencia de más del 40 por ciento en dólares.

Esto es lo verdaderamente fantástico, inusual respecto de otras épocas inflacionarias el tener una de las variables anclada oficialmente mientras que otras caminan a los saltos. En especial el asunto de una inflación medida por fuera del INDEC y que resulta reconocida por cualquier sector de la comunidad. A esto nos referimos cuando hablamos de resultar menos impactante el avance del cuatrimestre (a sabiendas de que en ocho primeros meses no se podía salir de la base inicial del año) si se lo quiere traducir a la expresión «términos reales», corrigiendo por el indicador inflacionario que se reconoce como valedero.

En tal caso, después de tardar bastante para convertirse en activo apetecible, las acciones cumplen con el rol de ser un muy buen refugio para escaparle a la erosión de nuestra moneda.

Y el protagonismo adquiere enorme brillo por esa parálisis en el tipo de cambio, que tiene la curiosa vestimenta de mostrarse como en la época de la convertibilidad: cargando la mochila de un 25 por ciento a un 30 por ciento de inflación anual. Posibilidad de hacer un negocio casi soñado, derivando colocación a las acciones y efectivizar una descomunal diferencia... en dólares.

Lo intrínseco

Por fuera de tal condición, que responde en mucho a una evaluación financiera, aparecen las propias condiciones que demuestren los activos involucrados. En tal caso, puede ser que se quieran hallar aptitudes propias que -en muchos casos- excedan la realidad de los papeles, con sus balances empresarios resultando el principal insumo para arribar a conclusiones.

Y surgen también los pro-tagonismos puntuales, en ciertos sectores, alentados por alguna novedad específica (como se ha visto en estos cuatro meses). Y engarzando con las que hacen punta, el viejo tema del «atraso» que corre para las demás.

Es preciso que el inversor purifique siempre la cartera, más allá de la condición general que ampare a todas.

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