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Cupones Bursátiles
y no de los títulos valores. Estamos en una época donde todo lleva a discernir que el sistema, tal como se ha mantenido durante siglos, será reemplazado por otras prácticas
e instrumentos. Como también, y esto es lo más peligroso, con una mentalidad que
no tendrá mucho que ver con lo que conlleva el añejo espíritu bursátil.
Olvidarnos de éticas que estaban vigentes por fuera de las simples normas, olvidarnos de un «fair play» en el modo de actuar, olvidarnos del análisis puntilloso para selección de papeles y determinación de posibles tendencias.
Entregado todo al simple vértigo y la feroz competencia, montada en la tecnología y las decisiones en milésimas de segundo. Hablar de ello en nuestro tipo de mercado es como hablar sobre si hay vida en Marte. Y, sin embargo, siguen también el día por día del Merval y sus especies, obrando en consecuencia y pasando «fichas» de uno a otro mercado: con órdenes que parten desde miles de kilómetros. Viven entre nosotros.
Posiblemente su incidencia sea mucho mayor a partir de estas fusiones y la imperiosa necesidad de dar comida al monstruo que han generado. Estamos distantes, pero no a salvo y guste o no al operador argentino y a los inversores, el destino estará marcado desde allá. Como para no sorprenderse por movimientos que aparezcan y se diluyan sin el menor preaviso.
Actuar en el corto plazo implica adivinar cuál es el juego que implementan en esos momentos. Montarse sobre la ola y «surfear» lo mejor posible.
Acaso la única manera de hacer primar lo propio pase por la actuación a mediano y largo plazo y armar posiciones, con el razonamiento clásico, pensando que -en el devenir del tiempo- lo que luce virtudes habrá de ser apreciado y puesto en primer plano.
Un «mundo nuevo» está tomando cada vez más cuerpo y, como decíamos antes de hoy: esto no dice que porque venga detrás, sea progreso. O que por ser nuevo, resulte bueno. Hay serias dudas.


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