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Cupones bursátiles
El plazo fijo, el dólar como inversión más allá del atesoramiento los bonos que lucen cansados, forman el pelotón de perdedores (por distintas condiciones). Entonces, suele afirmarse que el consumo desaforado en ciertos bienes (que no son inversión, sino desvalorización inmediata), se debe a la falta de alternativas. Así, se asegura, la gente se abalanza sobre automóviles -en cierta franja- o ataca sobre los electrodomésticos.
La pregunta sencilla que nos hacemos es: ¿compraré aquello que no me es necesario, sólo para ganarle a la inflación? ¿Cambiará el televisor, cuando el actual anda bien? Es extraña la conclusión, aunque mucho más debe ser corroborar tal realidad de personas que gastan -y nunca ahorran- solamente porque no hay canales redituables para colocar el dinero.
Disgresiones
Tómelo el lector como simples disgresiones, partiendo desde un punto definido -la inflación y el alto de la valla para ganar- y, después, solamente dejamos que nos lleve por los distintos senderos, que se angostan hasta ser una simple cornisa. Y la cornisa tiene un nombre: se llama Bolsa. El apellido: las acciones, los papeles empresarios. Son la imagen de la cornisa, porque en tren de ser el único vehículo capaz de ganarle a todo, y a todos, también es el más riesgoso y no está nada asegurado de antemano. Pero, continúan siendo una inversión para que el capital inicial se reproduzca, antes que llegar a adquirir «cualquier cosa» -que se desvaloriza con el uso- sólo porque más allá, también estará más cara.
Tomadas como inversión, sin plazos fijos de salida apurada. Y sin dinero que tenga compromisos más adelante, las acciones siempre están. Y son aptas no sólo para ganarle al 25 por ciento, sino mucho más. Si el ciclo mundial, y local, no es el más apropiado -como en estos meses- las posiciones quedan en la cuenta, no se evaporan. Y como está todo, es para acercarse a ellas, no para huir. De mínima, son la única chance de poder ganar.


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