21 de septiembre 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Todo se sigue sintetizando a que si los grandes navíos europeos cortarán el cable que intenta remolcar a los griegos, dejándolos a expensas del oleaje y las inclemencias. O si, finalmente, arrojarán un amarre más robusto y que esto resulte creíble y eficaz para el mundo que sigue observando el proceso. Y los mercados que van dejando las huellas en los gráficos de permanentes saltos, conformando una tendencia «de fondo» que se vino consolidando en un ciclo bajista, inexcusable. Tanto más, cuando se anuncian reuniones cumbre que no se realizan, o se difunden posiciones sumamente opuestas para abordar el salvataje y no correr los riesgos de que una pieza del «euro» que se caiga del tablero pueda despegar a varias otras, en impredecible secuencia y alcances.

La semana se abrió con tales contradicciones, donde los gobernantes griegos también se debaten entre: conceder lo que les piden o sólo ofrecer lo que puedan y que no conforma a los que exigen. Mezclado con ello, toda la revulsión social y el riesgo político de llegar a medidas extremas de contracciones. Europa recita lo del «valeroso caballero, con una espada clavada. Si se la dejan, se muere. Si se la sacan, lo matan...».

Y por otro andarivel caminan los que deben procesar las noticias, los rumores, las certezas y los miedos, para terminar generando un «producto» que resulte de optimista envoltorio (si es para forjar un repunte en los índices). O vestirlo de negro, en caso de que se quiera dejar a los números derrapando. El mismo motivo principal, con dos textos paralelos a difundir según resulte la orientación, e incidencia que se vaya a crear. Así fue como el lunes las pantallas lanzaban metralla adversa para que ciertas mejoras anteriores se volvieran nuevos descensos generales.

La espera de ruedas siguientes no poseía ningún pronós-tico fiable, aunque sin descartarse que cualquier declaración -bien utilizada- pudiera resultar «palanca» para darles forma de rebote a los índices.

Tal es el mar picado donde la pequeña barca del inversor tiene que seguir piloteando la borrasca o pudiendo tomarse un respiro con calmas repentinas. El propio lunes, donde todos estaban mal, nuestro mercado volvió a mostrar una debilidad mayor que los referentes directos. Una mezcla que lo hace todavía más complicado. (Sólo para audaces.)

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