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Cupones bursátiles
La semana se abrió con tales contradicciones, donde los gobernantes griegos también se debaten entre: conceder lo que les piden o sólo ofrecer lo que puedan y que no conforma a los que exigen. Mezclado con ello, toda la revulsión social y el riesgo político de llegar a medidas extremas de contracciones. Europa recita lo del «valeroso caballero, con una espada clavada. Si se la dejan, se muere. Si se la sacan, lo matan...».
Y por otro andarivel caminan los que deben procesar las noticias, los rumores, las certezas y los miedos, para terminar generando un «producto» que resulte de optimista envoltorio (si es para forjar un repunte en los índices). O vestirlo de negro, en caso de que se quiera dejar a los números derrapando. El mismo motivo principal, con dos textos paralelos a difundir según resulte la orientación, e incidencia que se vaya a crear. Así fue como el lunes las pantallas lanzaban metralla adversa para que ciertas mejoras anteriores se volvieran nuevos descensos generales.
La espera de ruedas siguientes no poseía ningún pronós-tico fiable, aunque sin descartarse que cualquier declaración -bien utilizada- pudiera resultar «palanca» para darles forma de rebote a los índices.
Tal es el mar picado donde la pequeña barca del inversor tiene que seguir piloteando la borrasca o pudiendo tomarse un respiro con calmas repentinas. El propio lunes, donde todos estaban mal, nuestro mercado volvió a mostrar una debilidad mayor que los referentes directos. Una mezcla que lo hace todavía más complicado. (Sólo para audaces.)


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