10 de noviembre 2011 - 00:00

Cupones Bursátiles

Y nos quedamos con aquello de Merkel, que vimos en la columna. La visión realista acerca de los excesos de gasto cometidos durante tantos años en Europa -extensivo, seguramente, a Estados Unidos y otros- y que llevará una década poner «la casa en orden».

No causó ningún tipo de alteración, quedó como una declaración más y, al día siguiente, los mercados repuntaron con una muy vidriosa lectura de los acontecimientos. Un Berlusconi ya sitiado, perdiendo toda autoridad para presentar a la Unión Europea cualquier tipo de ajuste, que no será sucedido por otro líder fuerte, indiscutido, capaz de obligar a la gente a hacerse cargo del trago amargo de ajustes: que no gustan a nadie.

Para ir a un grotesco, si detrás de un Berlusconi tuvieran «en el banco» de reemplazos a un Juan Perón, acaso podría entenderse que en el cambio de «rey por rey» Italia hallara una conducción férrea.

Ahora, todo quedará precariamente hasta elecciones del año entrante, con resultados que son toda una incógnita. Tanto sobre quién resultará elegido como qué sucede con el terreno que media hasta tales hechos. Y bien, a tal escenario los muchachos de los «análisis» parecieron darle el visto bueno por lo cual subieron los europeos, el Dow Jones se plegó para generar una rueda de martes con buena parte de índices subiendo. Y por aquí, desquitando el Merval, que venía de opacas tareas: especialmente en los negocios.

Un mundo de «papel», atado con alambres, donde la necesidad de hacer negocios -y diferencias- desarrolla el misterioso juego del «como sea» (tan popular en lo deportivo, aunque nadie explique bien qué diablos significa eso).

El Merval, arrinconado en viernes y lunes por temores locales, pudo ensayar una expansión de órdenes y arribar a casi los $ 50 millones. En tanto, el indicador de precios pudiendo zafar de la encalladura previa... Y nos seguimos quedando con los dichos de Merkel acerca de una crisis que no tiene chances cercanas de poder ser disuelta. En el medio, es sabido, el juego como el ensayado sobre Berlusconi y su falta de representación, que se tomó como un buen signo. Un mundo de juguete, con operadores que buscarán hacer la renta «como sea», en la medida en que la carnada expuesta obtenga «pique». Y todo es una gran charada, al acierto del día por día. «No compren dólares, compren acciones», pero espantando gente de todos lados, cerrando todo canal. Lo que queda es el exterior. (¿O no?...)

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