14 de noviembre 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Los inversores -si es que quedan algunos-, los apostadores, los operadores intermediarios, los analistas de casas de corretaje. Por supuesto también los comentaristas y, esencialmente, la simple ciudadanía de los países más involucrados se fueron el viernes con varias preguntas bajo el brazo. ¿Qué viene detrás de Berlusconi en Italia? ¿Qué sucederá con el destino griego? ¿Cuál será el próximo ataque, objetivo, del mercado y sobre qué economía en primer término? ¿Pasará a primera fila la tullida España, estará Portugal disputando el desagradable lugar de verse acorralada? Y ahora, más allá del insólito show ofrecido por el aparente «error» de una «calificadora», degradando a Francia de su posición presente, ya se está hablando de los franceses y la gran debilidad ante los «activos tóxicos».

Los habitantes argentinos agregaron la preocupación de las aguas encrespadas con el dólar, las tasas, la ola de versiones acerca de trabas bancarias. Y sin que aparezca contestado el eterno «por qué» de todo lo que ocurre y no deja de ocurrir desde bastante antes de las elecciones. Demasiado para la «mochila» y cada vez dobla más las espaldas poder llevarla, cuando en medio de la selva de problemas se debe intervenir en el mercado del riesgo puro.

¿Qué hay en el otro platillo, como para que la balanza no se hunda sobre uno solo? Por ahora, tal se puede leer sobre el exterior y percibiendo aquello que entorpece el sistema financiero local, no hay más que «buenos deseos». Ansias de encontrar treguas que duren -al menos- algo más que unas ruedas o una semana. Se nota también que en cuanto una novedad es maleable, se la puede «trabajar», darle cierta forma aconsejable para la ingesta de los que operan, las Bolsas dan un paso al frente.

Salen del valle, generan rebotes de cierta proporción. Ergo, evidenciando el perfil de «sobreventa» que los está rodeando. Afuera, adentro, con escasos volúmenes actuales, la oferta cierra filas y deja que se produzca cierta reacción en los precios. Necesidad innegable de seguir actuando y buscar las hendijas donde colar los aumentos.

Si el 11/11/2011 no convalidó las profecías sobre «el fin del mundo», es de esperar que los gobernantes del planeta dejen de hacer lo posible para que cualquier día, inesperado, nos encontremos con una versión del «juicio final». (Que así sea...).

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