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Cupones bursátiles
Para los que -como nosotros- aunamos las variables y hasta le damos absoluta preeminencia al volumen obtenido: la preocupación estuvo presente. Porque esa casi planicie conseguida, que fue como triunfo por lo hecho en el exterior, sumó para engrosar la cuenta «pírrica» (aquel general que, habiendo ganado la batalla a costa de buena parte de sus tropas, apuntó: «Otro triunfo como éste y estoy perdido»...). Las órdenes sumaron nada más que $ 25 millones efectivos, cuando ya el bajo promediar de junio había sido de casi $ 40 millones, y esto no resultó aval de nada.
Solamente significó que la oferta se quedó en sus bases, acomodó pequeñas órdenes a la posibilidad de absorción de la escasa demanda y «fabricó» ese escudo protector, para que el Merval eludiera las bajas imperantes en el mundo. Victoria realmente «a lo Pirro», porque ya el mercado local funciona con el «tanque de reserva» y existe una tendencia a tener que acostumbrarse, a ver tal tipo de volumen diario. Que, no hace mucho tiempo atrás, todavía era motivo de asombro. La flacura que se exhibe ya está comiendo músculo del mercado, ausente toda gordura para poder quemarse. Y si la dirección es a semejante contracción: ningún resultado en precios alcanzará valor alguno. Evidencia de que al comprador se ubica cada vez más abajo. Problema.


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