18 de julio 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Otra semana que arrancó con oleaje vendedor, en el mundo, y ya las defensas parecen estar debilitadas -por el esfuerzo continuado de asumir malas nuevas- aunque una fuerte «corrección», para tratar de equiparar una realidad económica con la versión «light», virtual casi, que ofrecen los índices: todavía no aparece como inminente. El lunes se comenzó viendo el derrape del mercado de Shanghái -acusando los temores en China-, seguido a la tarde por un descender del Dow, módico y en un 0,4 por ciento acosado por dato sobre «ventas minoristas», que dio mal por tercer mes. Y desde allí se expandió por toda Europa, hasta arribar a San Pablo y cobrarle al Bovespa un «peaje» del 1,71 por ciento. Sin embargo, le sacó el cuerpo el Merval que después de marcar un retroceso: produjo rebote que lo ubicó en máximo, y cierre, de la fecha. Nada más que el 0,11 por ciento, pero en positivo, que lo hizo dar un pasito al frente: sólo porque los demás, dieron dos hacia atrás. No hubo así un ambiente de preocupación por derrape en precios, hay -además- muchos operadores que se contentan con mirar el saldo del índice, y estarían tranquilos.

Para los que -como nosotros- aunamos las variables y hasta le damos absoluta preeminencia al volumen obtenido: la preocupación estuvo presente. Porque esa casi planicie conseguida, que fue como triunfo por lo hecho en el exterior, sumó para engrosar la cuenta «pírrica» (aquel general que, habiendo ganado la batalla a costa de buena parte de sus tropas, apuntó: «Otro triunfo como éste y estoy perdido»...). Las órdenes sumaron nada más que $ 25 millones efectivos, cuando ya el bajo promediar de junio había sido de casi $ 40 millones, y esto no resultó aval de nada.

Solamente significó que la oferta se quedó en sus bases, acomodó pequeñas órdenes a la posibilidad de absorción de la escasa demanda y «fabricó» ese escudo protector, para que el Merval eludiera las bajas imperantes en el mundo. Victoria realmente «a lo Pirro», porque ya el mercado local funciona con el «tanque de reserva» y existe una tendencia a tener que acostumbrarse, a ver tal tipo de volumen diario. Que, no hace mucho tiempo atrás, todavía era motivo de asombro. La flacura que se exhibe ya está comiendo músculo del mercado, ausente toda gordura para poder quemarse. Y si la dirección es a semejante contracción: ningún resultado en precios alcanzará valor alguno. Evidencia de que al comprador se ubica cada vez más abajo. Problema.

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