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Cupones bursátiles
Actuando como analista y comentarista sus columnas son de semanal aparición -aquí, en el diario Clarín- y desde el atalaya que le proporciona haber sido un Nobel no descansa en bajar línea yendo contra toda medida de austeridad europea y en especial contra Merkel. Pero resulta que el señor que esparce sus supuestas soluciones es un integrante del tal «Grupo de los 30», donde convive la plana mayor de los bancos de gran importancia global (varios de ellos, impresentables) junto con exfuncionarios de bancos centrales y -por lógica- unos cuantos de la triste escuela Goldman Sachs (como el propio Mario Draghi). Uno de sus hijos, Giacomo Draghi, trabaja en el banco Morgan Stanley como «trader» de tasas de interés (como para recordar el escándalo reciente, con la Libor de Londres).
Da para pensar y también desear que el hilo que se acaba de deslizar continúe siendo tironeado por los que investigan. Por ahora sólo se menciona que se trataría de comprobar la plena vinculación del titular del «BCE» con el «Grupo de los 30» y de qué modo esto ha venido incidiendo en las tomas de decisiones. Pero por el calibre enorme de los participantes en tal mancomunión de banqueros, funcionarios de peso, más personajes como Krugman, lo menos que puede imperar es un gran escepticismo, sobre el rumbo que quieren hacer tomar a economías y países. Ser participante de los mercados de riesgo, pretender alzar la bandera del optimismo para enfrentar la crisis y encontrarse con este tipo de novedades es para deprimir a cualquiera. Porque por encima de los Estados, de los propios políticos gobernantes, hay un grupo como el mencionado que sobrevuela y actúa desde las sombras con increíbles listas de subordinados distribuidos por el mundo e infinitos canales de comunicación y poder. Penoso.


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