El lunes todo siguió más o menos similar a las dos primeras ruedas donde hicieron impacto las medidas anunciadas. Y la chance de que el fin de semana permitiera suavizar la sensibilidad de las fuerzas del mercado se perdió no bien comenzaron las operaciones. El índice, que se había floreado hasta llegar a 4.100 unidades en un intradiario, terminó en la primera rueda debajo de los 3.600. Si bien esos nuevos "bonos" -pretendiendo ser "clones" del dólar billete- armaron el revoltijo, acaso -no se sabrá nunca- tuvieron el buen servicio de podar ramas altas de un indicador que, como se dice en la jardinería, ya se estaba "yendo en vicio" (ya lo decían nuestras madres, no dejar, ni enamorarse de las flores de los malvones cuando siguen creciendo porque, en realidad, se debilitan y hasta enferman. Al podarlas, resurge la fuerza de la planta y repite el ciclo floral renovado). Alegoría que viene bien para dar razón a la poda sufrida en estos días -aunque el motivo no fuera voluntario- porque, tal vez, evitó que esas ramas del Merval enfermaran por "irse en vicio". Ahora queda una zona gris, por las expectativas de instrumentos enunciados pero no puestos en práctica, porque faltan los pormenores, las normas reglamentadas y ver qué resultados se obtienen. En medio de la espera, deberán ingerirse ríos de tinta y de opiniones, a favor y en contra -muchas con tinte político, según el que opine-, lo que no resulta favorable para que el mercado adopte una actitud definida. Ergo, deberían estar a la orden del día las zonas de repunte y recaídas, donde versiones y rumores serán "cómplices" de los cambios en estados de ánimo. Por supuesto que han quedado fuera de circuito las apelaciones a lo "barato" de los precios, o la excusa de mencionar algunos números empresariales. Al único "fundamento" de tomar el dólar paralelo como real argumento para todo le surgió un impensado -como desagradable- enemigo potencial. Y todas rodaron sin remedio, las de malas condiciones como el selecto grupo de las buenas acciones.
Todo da la impresión de haber culminado con un muy jugoso tramo de cuatro meses para pasar a un presente intermedio y con poca visibilidad hacia adelante. Propicio para reacomodar carteras o esperar con el efectivo sin prisa, hasta poseer un horizonte más limpio. (A menos que las consabidas "manos amigas" tuerzan tal destino.)
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