4 de junio 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

¿Nos parece a nosotros, o el lector también percibe al unir las piezas que el "virus" de la emisión de moneda está invadiendo todo el mundo? Si en principio fue desde la Fed, donde se multiplicaron los dólares en sucesivas etapas de ayuda, después -y hace poco- también se viera al titular del Banco Europeo prometiendo todos los "euros" necesarios para irrigar a los países europeos en problemas. Y en un plano algo más alejado, porque el foco siempre está sobre los poderosos de Occidente, hace un tiempo irrumpió con todo la Bolsa japonesa -estrella desde diciembre- fogoneada por -nada menos- una duplicación de la cantidad de "yenes" en su economía.

Conjunto fundamental de la economía del mundo, dedicándose a derramar "felicidad" y solucionar problemas con el tan simple recurso de llevar la liquidez a los extremos. ¿Será que existe, de verdad, una economía moderna y que las leyes que parecían inmutables pueden ser vulneradas? Un interrogante interesante, que es pertinente ante la evidencia de hechos concretos y que hemos citado. Puede que alguno sea un tanto más recatado, otro más desaforado, pero el común denominado es emitir moneda como la única estrategia para intentar salir de la crisis. ¿No estará gestando esto la crisis siguiente?

Pregunta todavía más crucial para contestar, por más que se trate del futuro y eso es subjetivo. Pero, dadas ciertas condiciones, las derivaciones pueden ser anticipadas. Ahora, el Nikkei japonés está bajo observación y las preocupaciones se incrementan en función de haberse formado allí una "burbuja" de magnitud (el exceso de dinero circulando, casi sin costo, derivado a los títulos accionarios. Ergo, la inflación soplando sobre las cotizaciones de esos activos).

En nuestro medio, en otra dimensión y acorde con su estructura económica, también puede decirse que el fenómeno planteado al inicio fue tomando magnitud. En verdad, mediante un "vehículo portador" -llamado dólar "paralelo"- que, después, fue a recalar sobre papeles bursátiles locales. El esquema subyacente no difiere demasiado de los ejemplos mucho más exuberantes que citamos.

Los gobiernos y bancos centrales queriendo fomentar el consumo, con dineros desagiados y distribuidos con respaldos sumamente dudosos. Suena a demasiado fácil resolver todo emitiendo: es una duda razonable.

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