Tomamos una expresión, que reflejó en su comentario el colega que comenta sobre Wall Street, porque nos parece que sintetiza muy bien lo que se ha vivido en estos últimos años (en torno del Dow y de mercados que lo imitan). Y dice así: "Durante los últimos cuatro años, lo peor que podía hacer un inversor era pensar (o pensar demasiado)." Benjamín Graham se debe haber revolcado en su tumba, como pionero del fundamentalismo en los mercados y autor del "Inversor Inteligente". Esa frase citada se podría contraer todavía más, como para decir que los intervinientes en los recintos bursátiles escucharon solamente una melodía, la clásica: "Deja correr la música y bailemos"... Viendo los resultados, opinando desde ese único ángulo de observación, pues no les ha ido nada mal. Y a través de ello, al ciclo extenso en alza seguido por el Dow Jones, que vulneró reiteradamente sus marcas históricas, en un contexto de crisis económica y financiera, mundial. La pregunta es: ¿resulta aconsejable, basado en este éxito, que el inversor anule su poder de raciocinio y solamente siga sin plantearse el porqué? Y acaso sí, puede que digan muchos lectores de esta columna. Después de todo siempre puede invocarse la vieja máxima acerca de: "con el mercado no se discute", apuntalada por el hecho de que la única verdad, la tienen los paneles de precios. Como expresión contraria, puede advertirse al inversor que decide no pensar: que "las ramas no crecen hasta el cielo". Y si uno se entrega de cuerpo, mente, y bolsillo, al curso de un índice que tiene como casi exclusivo argumento el retroalimentarse: será muy dificultoso advertir cuando el movimiento dé señales de estar ingresando a la etapa de contracción. Sin dedicarse a pensar, lo que queda es resignarse a que se produzca un vuelco vertical y que recorte buena parte de lo ganado. Se lo estuvo viendo -en la práctica- con lo sucedido en el Nikkei, desde mediados de mayo, donde el curso cambió drásticamente y llevaba en estos días: ya un 20% de retroceso. El que nunca pensó y se subió al Nikkei, desde que arrancó el notable trayecto alcista, todavía tiene buena cosecha -ha perdido de ganar- y ésa es solamente una visión parcial, dedicado al conjunto de los ganadores. Pero, los que sin pensar tomaron al Nikkei en sus máximos: ahora deben asumir un 20% de caída, de su capital. Pensamos que "no pensar", convierte a la Bolsa en juego de azar y sería muy triste que se reduzca a eso. ¿No cree?
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