18 de junio 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

Disculpe el lector, volvemos a un tema de ayer, porque nos quedó repicando en la mente. Y todavía no podemos creer que uno de los métodos que hoy en día se recomiendan a un inversor sea: "no pensar". Como no todos los que nos leen hoy necesariamente lo hayan hecho ayer, repitamos el concepto originado en el exterior que nuestro colega que describe a Wall Street mencionó en su comentario del viernes, proveniente de algún analista, o administrador de carteras, sin que sepamos su nombre: "Durante los últimos cuatro años, lo peor que podía hacer un inversor era pensar (o pensar demasiado)". Ayer, rematamos los conceptos que nos merecía esa expresión, diciendo: que situaba, rebajaba a la Bolsa, a la altura de un juego de azar. Pero, al mismo tiempo, no dudamos que muchos de la actual generación inversora hayan adoptado tal indicación. Y es muy preocupante, quizás explique muchos de estos cuatro años: que el raciocinio no puede explicar.

El verdadero problema es que, en adelante, se multiplique la legión de los que no quieren pensar, al punto que -al pasar a ser mayoría- los que quieren invertir pensando se vayan extinguiendo y pasen a las filas de una manada de "zombis", dirigidos por una elite de manos poderosas que, seguramente, utilicen a pleno el pensamiento (para conducir a tales autómatas).

La Bolsa, las acciones específicamente, no deben revistar alejadas de otro tipo de inversiones: a los que el individuo les dedica cierto tiempo y raciocinio. Porque es el único modo de defender el capital, tal como si esa misma persona elige qué automóvil adquirir o qué inmueble seleccionar. Nadie entra directamente al primer mostrador de un banco, solamente porque resulte el más cercano para efectuar una colocación. Leerá, buscará qué entidad le habrá de otorgar mejor retribución por su dinero. En síntesis: está pensando cuál será la operación más conveniente, para guarecer su inversión lo mejor posible. Y en la Bolsa, no da lo mismo una acción que otra, exige un mínimo de atención quedarse con la que presente las mejoras variables (aunque, algunas veces, no es "la mejor" la que sube más). Saber "cuándo decir basta", principio esencial para operar, también reclama un análisis de situación en que se encuentre un papel, o el mercado, intentando evitar los extremos para entrar, como para salir. Si el inversor se baja, realiza su ganancia, que otros sigan, lo suyo está hecho. "No pensar" (es una burrada).

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