El dinamismo con que unos temas se van superponiendo a otros hace que en nuestra mesa de trabajo ya asome una cantidad de recortes de diarios, junto con escritos en fax, que no termina de crecer. La velocidad de atención, de a uno por día, es insuficiente y la pila... no para de aumentar su altura. En días pasados, ocupó la máxima atención la que describimos como una de las páginas más cruentas -de la historia de nuestro mercado- en cuanto a un suceso que haya triturado tantas carteras -y bolsillos- al unísono como cuando se anunció que el cupón del bono, no se pagaría. Imaginar cómo fue la reposición de "garantías" -en efectivo- ante la caída del precio en los títulos públicos, que habían sido oportunamente "bicicleteados" (con cauciones enhebradas) es poder suponer la cifra que a uno se le ocurra. Que no se conocerá nunca en su total dimensión, en lo bursátil y más en lo extrabursátil, que además: causaría espanto conocerla. Pero, antes de dedicar atención a tal severo acontecimiento (que ningún medio trató en su verdadera, y terrible, magnitud) estaba en nuestra mesa ya dispuesto un asunto de otra índole, pero que tiene que provocar gran preo-cupación al ambiente bursátil y en el otro segmento: el de acciones. El sólo título, de la nota de Carlos Burgueño -en Ámbito Financiero de la pasada semana- dispara todas las alarmas posibles: "Rige ya control oficial total, de precios y costos...". En el correr de los párrafos, se agrega que tal control total también involucra "políticas de ventas y comercialización".
En síntesis, una completa expresión de lo que es una política dirigista. Y a tal profundidad, como creemos que -en la práctica- no posee antecedentes en nuestro medio. El más cercano resultó el amago a querer "regular las utilidades", por parte del Gobierno, pero que había quedado solamente en amenazas. De los mismos que ahora han implementado lo mencionado y que, en un mercado de perfiles clásicos: ya hubiera significado una severa "corrida" bajista, de las cotizaciones.
Como viene siendo absurda norma, ya desde hace unos años, los participantes de la Bolsa se mueven ignorando cuestiones que tienen que ver con la capacidad empresaria de generar ganancias -en que se basa el precio de las acciones- y con lo que aguarda, en el porvenir de los negocios. El tipo de control que se describe y aunado a los violentos cambios en el aspecto financiero (por el dólar y las tasas) promete aniquilar utilidades razonables, para cotejar con las cotizaciones actuales.
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