15 de septiembre 2009 - 00:00

Daniela Mercury: festiva “antropofagia cultural”

La cantante bahiana no sólo maduró artísticamente sino que ya no es únicamente «la reina del axé»; hoy pasa por los géneros y los autores más diversos, dándoles a todos un fuerte sabor africano.
La cantante bahiana no sólo maduró artísticamente sino que ya no es únicamente «la reina del axé»; hoy pasa por los géneros y los autores más diversos, dándoles a todos un fuerte sabor africano.
«Canibalia». Daniela Mercury (voz, baile). Con J. Leona (bajo), G. Povoas (guitarra), L. Souza (batería), C. Alves (percusión), A. Vargas (guitarra) y cuerpo de baile. (Luna Park, 12 de setiembre).

Dos elementos constituyen la base sobre la que la bahiana Daniela Mercury organizó los shows que acaba de ofrecer en tres ciudades argentinas: Córdoba, Rosario y Buenos Aires. «Canibalia» es un proyecto amplio que incluye esta serie de conciertos -que arrancaron en Brasil natal y están en plena gira internacional-, dos CDs, un DVD, documentales para televisión y hasta una muestra de arte. Esos elementos que son los ejes sobre los que asienta su trabajo actual son el eclecticismo y en el africanismo.

Ella prefiere hablar de antropofagia cultural; y también es cierto. Porque para este momento de su vida, la cantante que se hizo inmensamente popular a comienzos de los 90 con aquel súper hit que fue «O canto da cidade», elige hacer un recuento de su carrera y no dejar afuera nada de lo que, según siente y piensa, la representa. Ya no es solamente «la reina del axé», como se la bautizó en un principio. Hoy pasa por los géneros más diversos -el rock, el pop, el rap, la electrónica en todas sus variantes, el funk, el frevo, el maracatú, el reggae- con el samba y el candomble como hilos conductores. Y porque lo africano es una de sus guías, la percusión sostiene todo su recital que es mucho más que una sucesión de canciones y que resulta, en verdad, una fiesta de diferentes músicas y sus letras.

Chico Buarque, Carmen Miranda, Titás, Michael Jackson, o los argentinos Carlos «Mona» Jiménez y Fito Páez; todos caben en su repertorio y todos se africanizan, se transforman en baile/fiesta, se suman a los casi treinta títulos que conforman su espectáculo. Como en una versión bahiana y femenina de Chayanne, Daniela Mercury tiene la virtud, que muy pocos pueden exhibir, de cantar durante dos horas largas y bailar al mismo tiempo -secundada por un cuerpo de baile que también tiene una permanente presencia sobre el escenario- sin agitarse, sin mostrar cansancio, sin estropear su emisión. Ya no es aquella jovencita que revolucionó su tierra subiéndose a los «tríos elétricos» -los camiones de carnaval bahianos- cuando aquello estaba reservado sólo a los hombres. Pero tiene una vitalidad, una capacidad pulmonar, una potencia en la voz que la mantienen en el mejor lugar; más aún porque los años la han hecho madurar artísticamente, le han dado profundidad a esa «alegría» que es uno de sus «leit motiven» (de hecho, repite esa expresión montones de veces a lo largo del show).

Lo de la Mercury en el Luna Park fue una fiesta. Y eso, aunque la mayoría del público (abundante aunque menos que en sus épocas de mayor apogeo) desconocía muchas de sus canciones. Fueron a buscar diversión y la encontraron. Y, de paso, se encontraron con una estética muy interesante.

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