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Daniela Mercury: festiva “antropofagia cultural”
La cantante bahiana no sólo maduró artísticamente sino que ya no es únicamente «la reina del axé»; hoy pasa por los géneros y los autores más diversos, dándoles a todos un fuerte sabor africano.
Dos elementos constituyen la base sobre la que la bahiana Daniela Mercury organizó los shows que acaba de ofrecer en tres ciudades argentinas: Córdoba, Rosario y Buenos Aires. «Canibalia» es un proyecto amplio que incluye esta serie de conciertos -que arrancaron en Brasil natal y están en plena gira internacional-, dos CDs, un DVD, documentales para televisión y hasta una muestra de arte. Esos elementos que son los ejes sobre los que asienta su trabajo actual son el eclecticismo y en el africanismo.
Ella prefiere hablar de antropofagia cultural; y también es cierto. Porque para este momento de su vida, la cantante que se hizo inmensamente popular a comienzos de los 90 con aquel súper hit que fue «O canto da cidade», elige hacer un recuento de su carrera y no dejar afuera nada de lo que, según siente y piensa, la representa. Ya no es solamente «la reina del axé», como se la bautizó en un principio. Hoy pasa por los géneros más diversos -el rock, el pop, el rap, la electrónica en todas sus variantes, el funk, el frevo, el maracatú, el reggae- con el samba y el candomble como hilos conductores. Y porque lo africano es una de sus guías, la percusión sostiene todo su recital que es mucho más que una sucesión de canciones y que resulta, en verdad, una fiesta de diferentes músicas y sus letras.
Chico Buarque, Carmen Miranda, Titás, Michael Jackson, o los argentinos Carlos «Mona» Jiménez y Fito Páez; todos caben en su repertorio y todos se africanizan, se transforman en baile/fiesta, se suman a los casi treinta títulos que conforman su espectáculo. Como en una versión bahiana y femenina de Chayanne, Daniela Mercury tiene la virtud, que muy pocos pueden exhibir, de cantar durante dos horas largas y bailar al mismo tiempo -secundada por un cuerpo de baile que también tiene una permanente presencia sobre el escenario- sin agitarse, sin mostrar cansancio, sin estropear su emisión. Ya no es aquella jovencita que revolucionó su tierra subiéndose a los «tríos elétricos» -los camiones de carnaval bahianos- cuando aquello estaba reservado sólo a los hombres. Pero tiene una vitalidad, una capacidad pulmonar, una potencia en la voz que la mantienen en el mejor lugar; más aún porque los años la han hecho madurar artísticamente, le han dado profundidad a esa «alegría» que es uno de sus «leit motiven» (de hecho, repite esa expresión montones de veces a lo largo del show).
Lo de la Mercury en el Luna Park fue una fiesta. Y eso, aunque la mayoría del público (abundante aunque menos que en sus épocas de mayor apogeo) desconocía muchas de sus canciones. Fueron a buscar diversión y la encontraron. Y, de paso, se encontraron con una estética muy interesante.

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