A cada instante, San Francisco pone de manifiesto su disposición liberal, democrática, no discriminativa, de sociedad abierta que cultiva la tolerancia, y, a la vez, de una fuerte conciencia comunitaria, algo que no deja de seducir a los visitantes. Y acaso ese espíritu fue lo que hizo que el cantante Tony Bennett, que había nacido en Nueva York, se inspirara para anotar versos donde declaraba que quería dejar su corazón en San Francisco, y desde entonces muchos que visitan la ciudad siguen cantando como él: «I Left My Heart in San Francisco». Es que «la ciudad de la bahía», la más bella de la costa oeste, la que tiene uno de los puentes más famosos del mundo (el Golden Gate), resulta por todas esas razones y muchísimas más absolutamente cautivante.
La gente que la visita recuerda las magníficas vistas que ofrecen las 43 colinas que coronan la ciudad y desde donde se puede contemplar esa costa que alberga la famosa isla de Alcatraz, donde estuvo encerrado Al Capone, y que sirvió de referencia en numerosas películas, como «Las calles de San Francisco».
Le ofrecemos algunas pistas para comenzar a disfrutar de una visita a ese extraordinario lugar antiguo, moderno y posmoderno a la vez.
Yendo por la calle Market hacia el norte hasta la avenida Broadway, luego de cruzar la Puerta del Dragón, usted encuentra el famoso Chinatown (Barrio Chino), que reúne a la población china más grande fuera de Asia. En Portsmouth Square hay una estatua que homenajea a un célebre visitante del pasado: Robert Louis Stevenson.
Cerca de allí, cruce entre la calle Broadway y la avenida Columbus, comienza otro de los barrios famosos, el Little Italy (la Pequeña Italia), que en algún momento puede hacer pensar por su colorido que se está en La Boca.
Subiendo por la calle Market, en dirección a la colina donde está el mirador de Twin Peaks, se pasa por El Barrio, donde se oye hablar permanentemente en español, porque es donde se ha establecido gran parte de la siempre creciente comunidad latina (esto hace que como en Nueva York o en Miami no cuesta nada encontrar a alguien que hable en español). Al seguir andando, se llega al denominado Valle de Eureka, donde se encuentra el barrio Castro, centro de la comunidad homosexual, que tiene grandes avenidas y casas bajas de estilo europeo.
Por su parte, yendo al barrio Haight-Ashbury, en el sector de Alamo Park, están las famosas casas victorianas Painted Ladies, que parecen trasladadas de un barrio histórico high class de una ciudad británica. Ese barrio se convirtió en centro de peregrinación de hippies de todo el planeta.
A partir de los años 80, los hippies fueron progresivamente sustituidos por los yuppies (Young Urban Professionals), nuevos empresarios de vanguardia, diseñadores de páginas web y expertos en tecnologías de información, que se instalaron en el barrio de La Marina y Fort Mason, al oeste de Aquatic Park, hasta las zonas residenciales de South Beach. Ese tipo de gente es la que fue poblando, en la zona sur de la ciudad -en el lugar que antes se llamaba Valle de Santa Clara-, el famoso Silicon Valley (bautizado así por su alta concentración de industrias relacionadas con semiconductores y computadoras). Hoy ese emporio de empresas basadas en materia gris se ha convertido en un congregado de pequeñas ciudades.
Arte y cultura
Hay extraordinarias muestras especiales que conviene visitar, por caso «La colección Gertrude Stein: Matisse, Picasso y la vanguardia parisina», que está abierta del 21 de mayo a fines de septiembre. SFMOMA es visitado por unas 600.000 personas al año.
Siguiendo el policial «El halcón maltés» se puede visitar el Johns Grill, restorán mencionado en la novela, o descubrir en Burrit Alley, en Union Square, junto a Bush Street, una placa que dice: «En este lugar, Miles Archer, socio de Sam Spa-de, fue asesinado por Bright OShaughnessy», todos personajes del escritor Dashiell Hammet, que fue, junto con Raymond Chandler, creador de la «novela negra», esa forma novedosa y contundente de la novela de detectives.
A partir de 1950 se congregaron en lo que aún solían llamar Frisco escritores beatniks -Kerouac, Ginsberg, Burroughs, entre otros- que provenían de diversos lugares, dando fama a ese movimiento literario. Ese suceso impulsó movimientos culturales de beats, hippies, yuppies, hasta los ligados con la informática y las publicaciones digitales.
Para experimentar algo de esto es inevitable ir a la librería City Lights, donde empezó todo, en 261 de Columbus Avenue, en North Beach, abierta de 10 de la mañana a 12 de la noche todos los días.
M.S.


Dejá tu comentario