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De la Caldera salió el nuevo campeón...
¡Dale campeón! Tucumán Lawn Tennis coronó un 2012 inolvidable y repitió el logro del año pasado.
Fue una final histórica. Jugada ante una multitud y con dientes apretados. La lluvia caída parecía darle más dramatismo a una escena no apta para cardíacos.
El primer tiempo fue levemente favorable a Lawn Tennis, pero el try sobre el final de Andrés Odstricil dejaría en ventaja de 13 a 12 a Cardenales en el descanso. En el segundo tiempo los Purpurados jugaron mejor y comenzaron a sacar ventajas. Faltando 22 minutos tenían una diferencia de 10 puntos a su favor (22 a 12) que en cualquier otro partido no parece ser mucho. Pero en una final, en esta final, parecía cosa juzgada. Pero no. Los Benjamines comenzaron a presionar y mantuvieron la lucidez para no cometer errores en medio de la desesperación. Los backs hicieron un trabajo impecable y el pie de Rez Masud hizo el resto. Y no sólo el pie, sino que también fue clave el try de Benjamín Sánchez que terminó de emparejar el partido. Ya sobre el final fue a la carga barraca para ambos.
El Tennis fue más inteligente y terminó quedándose con el partido. Cuando estábamos diez puntos abajo cambiamos nuestra mentalidad. Lo dimos vuelta porque tenemos un equipo muy maduro para este tipo de partidos. El festejo fue único, inolvidable, señaló el centro de los ganadores, Andrés Chavanne.
Por el lado de los derrotados no había consuelo. Acababan de observar como el título se les escapó de las manos. Nos vamos con la frente en alta. No se nos dio, pero habrá revancha, lanzó escuetamente el capitán Juan Simón de Cardenales.
La caravana de los Benjamines cruzó todo San Miguel de Tucumán a puro bocinazo. Un viejito viaja en la parte trasera de un auto repleto de jóvenes. El hombre no piensa, siente. Un cosquilleo en las venas, ese calor embriagante, característico de una pasión inigualable.
Desbordado de alegría repasa la película de su vida en el club. Cierra los ojos y sonríe. Piensa para sí mismo 'qué suerte ser de Lawn Tennis' y vuelve en cuerpo y mente a la parte trasera del auto. Se deja llevar por la hilaridad del piberío y, como en aquellos años 70 se entrega al grito de dale campeoooo, dale campeoooo....

