16 de enero 2012 - 00:00

Del silencio al estallido sonoro por medio de señas

Santiago Vázquez: «Nos abrimos a espacios más amplios, y en provincia, porque en Capital, después de Cromañón, sólo podían entrar mayores de 18 años».
Santiago Vázquez: «Nos abrimos a espacios más amplios, y en provincia, porque en Capital, después de Cromañón, sólo podían entrar mayores de 18 años».
«Si uno quiere tener grandes músicos en el futuro hay que compartir la música con los chicos. Si ellos no oyen música no podrán estimularse y participar», dice Santiago Vázquez, creador de La Bomba de Tiempo, un grupo de 17 músicos que practica percusión improvisada dirigida con señas, un lenguaje propulsado por el director. Desde el comienzo hasta el final la música está improvisada y dirigida a través de un sistema de más de 100 señas que hace el director con las manos, los dedos y el cuerpo. Hace seis años actúan de manera intinterrumpida en el Konex y desde enero suman shows los domingos en el Parque de la Costa. Dialogamos con Vázquez sobre este show en particular y sobre la percusión en general.

Periodista: ¿Qué diferencia tienen los nuevos shows?

Santiago Vázquez: Es verano, al aire libre en Tigre, frente al río, un escenario enorme y mucha más capacidad para público: 7 mil personas. Es como hacer un Obras cada semana, lo que es muy distinto a la sensación del Konex, más íntima. Además el contexto, con la vera del rio, juegos alrededor, las estructuras, la montaña rusa, la vuelta al mundo, le dan un marco pintoresco al show de tambores. Y está dirigido a todas las edades, desde bebés.

P.: ¿Pero en el Konex también asistía la familia o no?

S.V.: Al principio sí pero despues de Cromañón, con leyes y reglamentación más firme, se hizo para mayores de 18. En la provincia hay otras reglas. Además habrá zona para bailar, asientos, puede ir el fan de «La bomba» o una familia que quiere mostrarle a sus hijos este fenómeno.

P.: Usted impulsa la música mediante señas. ¿Alguien más lo hace?

S.V.: Muchos grupos lo estan usando para sus propias presentaciones en Buenos Aires, pero también en Jujuy, Mendoza, Córdoba, Rosario y Bello Horizonte. En Chile se está enseñando con un programa oficial. Además el lenguaje no sólo se usa entre músicos sino para rehabilitación de adictos, en musicoterapia con niños sordos y se usó en todos los niveles lectivos. Yo dirijo el centro de estudios y percusión con señas que estuvo el año pasado en la Universidad de San Martín. Lo interesante es que es un lenguaje nuevo y resulta útil dentro de la música y fuera, es una herramienta que no existía y genera cosas que no eran posibles antes.

P.: Cuentan con más de cien artistas que han participado de sus shows. Los invitados, ¿siempre difrutan de la improvisación o hay algunos que no se encuentran en ese terreno?

S.V.: En general, para todos los que vienen es un desafío. No es fácil tocar con 17 tambores, que tocan muy fuerte y en general no es algo a lo que están acostumbrados. Vienen de ramas distintas y casi siempre están nerviosos, pero después resulta una experiencia novedosa, hay mejores y peores shows, desde luego. Al ensamblar lo que ellos proponen el resultado no siempre es ideal, pero es parte del juego.

P.: «La bomba de tiempo» tocó en el Konex, en espec-táculos en vía pública, en estadios, ¿es cierto que no hay lugares para tocar?

S.V.: Es cierto que la ciudad no tiene una legislación muy preparada para la música en vivo, basta viajar un poco para contrastarla con otras que tienen su espacio de bares con lugar para la música en vivo, hasta en Suiza me sorprendí con gran cantidad de estos lugares. Después de Cromañón se trabó mucho la posibilidad de escuchar música popular en un bar, con público amplio que pueda bailar, encontrarse y divertirse en lugar de quedarse en casa escuchando el MP3. Todo lo que propone un mínimo riesgo se prefiere trabajar antes que legislar. Queda la idea de que «La música no es segura», lo que es una aberración.

P.: ¿Cuando usted se formó como músico vivió una realidad muy diferente?

S.V.: Sí porque fue con la explosión de la democracia. Si uno quiere tener grandes músicos en el futuro tiene que compartir música con chicos. Si ellos no ven música no podrán estimularse y participar. La cultura tiene que tener su espacio seguro.

P.: La percusión como disciplina se ha desarrollado mucho en los últimos años, ¿a qué lo atribuye?

S.V.: La percusión debería ser algo tan extendido como el fútbol, que es la práctica de un arte que tiene algo muy saneador y conecta con algo que pocas cosas en vida cotidiana logran. Es un arte muy intuitivo y tiene acceso mas fácil, aunque su estudio es tan difícil como otros. Es una práctica muy beneficiosa para el amateur, y por eso mucha gente toca percusión por placer, sin ser grandes percusionistas.

P.: ¿Qué proyectos tiene para este año?

S.V.: Estamos trabajando en el próximo disco de estudio, el primero pues el otro era en vivo. Tendrá muchos invitados. Como estamos tocando tanto hay poco tiempo para grabar.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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