La alegría por la presentación de la banda contrastó con los silbidos por la falta de imágenes.
Depeche Mode. Un recital como en los viejos tiempos, literalmente: fallaron las pantallas gigantes.
Con un operativo de seguridad reforzado en el Estadio Unico de La Plata y extendido hasta la autopista de regreso a Buenos Aires, buena organización fuera y dentro del estadio para optimizar la entrada y desconcentración, el show de Depeche Mode, en su tercera visita, invitó a un viaje en el tiempo. Con hits de hace más de dos décadas, cuando la mayoría de los asistentes de entre 30 y 50 bailaba los primeros destellos de la música electrónica en boliches, la banda timoneada por Dave Gahan brindó un recital de los de antes, sin apoyarse en la parafernalia de los visuales, ni escenarios grandilocuentes coronados por enormes pantallas led HD (y aunque así hubiera sido no se habría podido ver, como se verá más adelante). El trío de Gahan, Martín Gore y Andrew Fletcher, valiéndose de sus sintetizadores, baterías electrónicas y guitarras eléctricas, hizo un recorrido por sus discos Ultra, Violator o Playing The Angel con el hit "Precious".
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Depeche Mode llegó al país para presentar su último trabajo, "Spirit", que da nombre al "Spirit Tour", iniciado en Berlín el año pasado. Se trata de una gira mundial que en sus primeros meses vendió más entradas que los astros juveniles Justin Bieber, Ed Sheeran o Bruno Mars, en lo que parece ser una revancha para Gahan, quien tuvo que retirarse en 2009 para combatir un cáncer de estómago que hizo peligrar la continuidad de la banda.
Cuando se apagaron las luces sonó "Revolution", de Los Beatles, mientras una imperdonable falla técnica transformaría al show en uno a la vieja usanza, literalmente, sin pantallas que reproduzcan a gran escala, como cuando tocaban justamente Los Beatles. Las pantallas contiguas estuvieron casi todo el concierto apagadas, lo que obligó al público a concentrarse en la música y a intentar ver a distancia, algo que en tiempos del cuarteto de Liverpool en el Shea Stadium resultaba novedoso y un propósito en sí mismo, pero que tras medio siglo de conciertos en estadios no basta. No se supo si había visuales que sumaran a lo que ocurría sobre el escenario o si, de haber funcionado, replicarían las imágenes del main stage. Desde el campo trasero y plateas silbaban y coreaban para que las encendieran; sin embargo, la imposibilidad de ver mejor no pareció impedir el disfrute a un público que, de ser millenial, habría fustigado un show con tan poca estimulación visual. Involuntariamente, fue un acontecimiento de pantallas apagadas, impensable en la era de las pantallas múltiples.
Otro desperfecto se advirtió en la voz de Gahan, menos poderosa y perfecta que en los discos, donde está siempre por encima o a la altura del resto de los sonidos. En general las clásicas distorsiones del grupo se suavizan con la bella voz del frontman. Lástima que en el estadio no pudo apreciarse y si bien es cierto que el plus del vivo siempre lleva a versiones nuevas, esta vez no fueron superadoras. Por fortuna hubo algunas excepciones: la inolvidable intro de "Everything Counts", un agregado electrónico de lo más furioso en "Enjoy de Silence" y un inesperado "Strange Love" acústico durante los bises. Pero no fue la voz lo que mejoró estas versiones sino la reinvención de las melodías.
Depeche Mode arrancó en 1980 como cuarteto junto a Vince Clarke, quien más tarde se abrió camino para fundar Erasure junto a Andy Bell. Eran las dos bandas ochentosas más populares en nuestro país, en la era post punk en que otros grupos de la electrónica como Kraftwerk invitaban a los jóvenes ya no a los tradicionales conciertos sino a discotecas para bailar. Erasure era más festivo y Depeche fue siempre fue más oscuro. De hecho el sábado el tema bailable por excelencia, "I just can't get enough", brilló por su ausencia. El escenario en forma de T para que Gahan exhibiera sus dotes de showman aportó las secuencias más celebradas por sus fieles en el campo. El espectáculo de dos horas tuvo una primera parte más dark hasta que en la segunda llegaron varios hits como, "Stripped" o "Never Let me Down". A las 22.30 se despidieron por primera vez pero volvieron con dos bises, brazos en alto balanceándose obedeciendo a Gahan (es de los de antes, no pide luces de celulares ni selfies) para coronar la noche con "Walking in my Shoes", "Question of Time" y "Personal Jesus".
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