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Despedida en el Congreso pacificó a UCR y kirchnerismo
José María Arancedo, obispo de Santa Fe y primo hermano de Raúl Alfonsín, celebró la misa de cuerpo presente en la escalinata del Congreso, que siguieron el vicepresidente Julio Cobos, familiares y militantes políticos.
Ni la lluvia matinal opacó ayer la masiva despedida de Alfonsín en el Congreso de la Nación. El funeral del ex presidente en el Salón Azul se convirtió en un acontecimiento político donde una multitud estimada en más de 70 mil personas convivió pacíficamente en las calles con dirigentes oficialistas y opositores ubicados en las desbordadas escalinatas del Parlamento.
Cientos de banderas rojas y blancas, fervor radical y el cántico «Alfonsín, Alfonsín» retumbaba sobre la avenida Entre Ríos, donde miles de personas peregrinaron hasta minutos antes de las 10 para despedir al caudillo en el Salón Azul. Luego, los accesos al Congreso se cerraron y sólo quedaron dentro la familia y los jefes radicales junto a kirchneristas como Eduardo Fellner, titular de la Cámara de Diputados, el jefe de Gabinete, Massa, y Pampuro.
No hubo esta vez acusaciones cruzadas, sospechas desestabilizadoras ni reproches institucionales. Alfonsín logró pacificar la convivencia entre kirchneristas, radicales y hasta con Jorge Bergoglio. Hasta el ex presidente Ramón Puerta, estuvo presente. La guerra política con el campo de por medio se esfumó, al menos por un día, y tras una ceremonia privada a cargo del cardenal dentro del Parlamento, se abrió la lista de oradores.
Pacifista
El primer discurso fue del vicepresidente de Alfonsín, Víctor Martínez quien expresó el «dolor de la República» por la pérdida del ex presidente, y remarcó que el líder radical «fue un pacifista». «Se ha cerrado el libro de la existencia física del doctor Alfonsín, pero se ha abierto el libro de un legado imperecedero. Fue un pacifista por naturaleza, lo demuestran sus esfuerzos internacionales y nacionales. Firmó el Tratado del Beagle que puso fin a una eventual contienda asegurando la paz entre la Argentina y Chile», recordó su compañero de fórmula.
Luego llegó el turno de Sanz, artífice de la unidad entre la UCR y el cobisnmo en Mendoza: «El legado de Alfonsín no hay que buscarlo en sus discursos, columnas y libros; el legado es él mismo, y su conducta. La Argentina que viene deberá ser libre, republicana, apasionada, responsable y valiente, como ha sido él».
«Gracias Raúl por enseñarnos a comprender que se puede ser político y a la vez decente. Gracias por darle sentido a nuestras vidas. Gracias por honrar la vida y la paz. Gracias, Raúl», fue el último adiós de Morales, al borde de las lágrimas, ante el féretro del caudillo radical.
También habló el ex presidente brasileño José Sarney quien destacó la influencia del líder radical en la recuperación de la democracia en el continente. «Luchó para derribar todas las dictaduras de América del Sur», aseguró.
Escueto, Fellner destacó que Alfonsín fue «un hombre de convicciones» y pidió asumir «como parte de nuestro patrimonio el ejemplo de vida» del ex mandatario.
El cierre estuvo a cargo de Cobos, a quien ahora todos miran para tomar la posta en el radicalismo. «Si uno tuviera que nombrar virtud que caracterizaron su vida, su obra y su lucha, diríamos que fueron la abnegación, el renunciamiento a intereses personales en pos de lo público, el renunciamiento en pos de consensos, el renunciamiento por ideales que trascienden méritos y honores», recordó el vicepresidente en el más político de los discursos de despedida.
«Ciudadano Alfonsín, querido Raúl, le decimos hasta siempre, porque sabemos que lo encontraremos cuando la República lo necesite, porque esa vocación y esa pasión lo hicieron además de Padre de la Democracia, maestro de ciudadanos», dijo el compañero de fórmula de Cristina de Kirchner. Los Granaderos y la Guardia de Honor ya habían comenzado los preparativos en la fachada principal del Congreso para el último viaje de Alfonsín, rumbo al cementerio de la Recoleta.
La última despedida en el Congreso, justo el Día de Malvinas, marcó la vida de Alfonsín como un círculo político perfecto. Un nuevo aniversario de la guerra que estalló como un espasmo atroz para abrir el camino de la recuperación de la democracia coincidió ayer con la despedida del ex presidente que lideró ese proceso.


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