4 de noviembre 2015 - 00:00

Destilación de una experiencia atroz

Destilación de una experiencia atroz
Marceline Loridan-Ivens,"Y tu no regresaste" (Bs.As., Salamandra, 2015, 92 pág.)

Se podría pensar que se trata de uno de esos milagros literarios que aparecen cada tanto. Se podría pensar que a los 86 años, luego de preguntarle a una amiga: "ahora que la vida se termina, ¿crees que hicimos bien en regresar de los campos", Marceline decide contar el horror que vivió 70 años atrás, cuando a los 15 años fue deportada junto a su padre a los campos de Auschwitz Birkeneau. Y así es como se descubre a una mujer inteligente capaz de confesar la culpa que sienten los sobrevivientes por no haber sido asesinados como los otros. Una mujer capaz de denunciar la amnesia francesa que cubre con la heroicidad de la Resistencia la propensión a olvidar el antisemitismo. Es una mujer sensible que escribe una carta a ese padre que, en el tren a la Shoá, le dijo: "tu volverás porque eres joven, pero yo no regresaré, y ella se enoja porque él no volvió. Recuerda las veces que desde el campo de trabajos forzados de Birkeneau lograba ver a su padre en el campo de Auschwitz.

Dando pocos datos, esa señora que se indignaría de que digan que es una anciana, logra una intensidad abrumadora. El día que su padre logra hacerle llegar una cartita de una frase a Birkeneau, esa vez que su padre escapa para darle una cebolla y un tomate, el tremendo fuego de los hornos donde se están incinerando cuerpos, la memoria de la mansión en que su padre soñaba un magnífico futuro, encontrar un pan duro en el bolsillo de un muerto, una moneda de oro en un dobladillo, el doctor Mengele frente a chicas desnudas. Datitos que iluminan el infierno con una enorme sabiduría narrativa. "En ese lugar nos despojaban, una se encogía, perdía conciencia de sí misma", dice. ¿Cómo esa señora logró potenciar palabras simples, elementales, para compartir una memoria desgarrada? ¿Cómo con breves alusiones arma el conflictivo universo familiar? ¿Cómo con tan pocas páginas logra decir tanto? ¿Es un milagro literario? No, es la destilación de una reflexión de años hasta lograr dar con lo esencial.

Marceline Rosenberg, la hija de Shloïme Rosenberg, es la cineasta Marceline LoridanIvens, esposa del formidable documentalista Joris Ivens, con quien realizó varias películas. Cuando en 1961, en la película reportaje "Crónica de un verano", emblema del "cinéma vérité, uno de los realizadores, su amigo el sociólogo Edgard Morin la encuesta sobre la felicidad, ella se lanza en monólogo a narrar su experiencia en el campo de concentración de Birkeneau. Y en su última película, de 2003, "Pequeña pradera de abedules", traducción de la palabra Birkeneau, Marceline LoridanIvens hace que la protagonista (Anouk Aimé), que viaja de Nueva York a Auschwitz, para luego visitar Birkeneau, en lirico monólogo recuerde sus padecimientos, el dolor por los asesinados, el horror que se impuso al mundo. No, el monólogo de "Y tú no regresaste" no es un milagro, es la destilación de una lacerante experiencia sobre la que una artista no ha dejado de pensar una y otra vez y que finalmente ha transformado en homenaje a la ley ausente, a esa ley que se perdió en Auschwitz, a ese padre que en medio del infierno le entregó a su famélica hija su corazón en una cartita, una cebolla y un tomate.

Máximo Soto

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