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Diálogos en Wall Street
¿Se prepara un rescate para España? Son versiones insistentes que, con la misma tenacidad, rechazan las autoridades españolas y de la Unión Europea. Para el experto en mercados internacionales que se refugia bajo el seudónimo de Gordon Gekko, de la película «Wall Street», los rumores son verosímiles aunque no sean verdaderos y pueden convertirse en una profecía autocumplida. A su juicio, dada la desconfianza que cunde entre los bancos, el Banco Central Europeo juega un papel clave para evitar un desenlace traumático.
Gordon Gekko: El Gobierno español ya lo negó dos veces en cuatro días.
P.: Como se vio en Grecia, la negativa oficial no constituye ninguna garantía.
G.G.: Tampoco supone una confirmación. Este es un terreno difuso. Es la palabra suya contra la mía.
P.: Las versiones que circulan, ¿son verosímiles? Las publicaron medios serios como la edición alemana del Financial Times. O el Frankfurter Allgemeine.
G.G.: Como son rumores verosímiles, aunque se los rechace, pueden persistir mucho tiempo sin perder credibilidad. ¿Se está negociando un financiamiento adicional para España? Madrid y Bruselas dicen que no, pero bien podría ser el caso. La razón que se esgrime es el congelamiento del mercado interbancario. Que los bancos españoles tienen problemas para obtener fondeo del resto de sus pares.
P.: Dificultad que sabemos que existe...
G.G.: Lo reconoce Francisco González, el presidente del BBVA: «Los mercados financieros no se fían de España». Para la mayor parte del sector privado, dijo: «Los mercados internacionales de capitales están cerrados».
P.: O sea que la idea de un salvamento no luce tirada de los cabellos.
G.G.: Vaya novedad. Por nada más fue que se creó la Facilidad Europea de Estabilización Financiera.
P.: El paquete de los 750.000 millones de euros.
G.G.: Tal cual. En su momento lo comentamos: «No se los nombra, pero éste es el blindaje para Portugal y España». O para cualquiera que sea inscripto en la lista de sospechosos.
P.: Será verdad, entonces... ¿lo estrenará España?
G.G.: No sabemos si es verdad o no, pero no por ello deja de ser una especulación razonable.
P.: Los problemas en el funcionamiento del mercado interbancario son un escollo importante. Y no serán fáciles de sortear.
G.G.: En cuyo caso los rumores pueden convertirse en una profecía autocumplida. Pienso que por ahí va la cosa.
P.: El Gobierno español ve una conspiración alemana detrás de las versiones.
G.G.: Ellos conocerán la trastienda mejor que nosotros. Pero vayamos al grano: hoy los bancos han vuelto a desconfiar unos de otros y tienden a no prestarse entre sí. Si no se advierte una parálisis generalizada -ni reina la pavura en los mercados monetarios- es por el rol de intermediación que asumió el Banco Central Europeo (BCE).
P.: El BCE sustituyó el papel habitual del mercado interbancario.
G.G.: Los bancos españoles le deben 85.000 millones de euros al BCE (una sexta parte de su asistencia total). Nunca le habían tomado prestado tanto dinero.
P.: Los rumores son creíbles porque crecen en suelo firme.
G.G.: Lo que es menos creíble es la urgencia que declaran. El BCE no está considerando, para nada, retirarse de la escena. Las tensiones existen en los mercados monetarios, pero no han escalado. La tasa Libor subió pero ya se estabilizó (solo que en un nivel más alto). Las necesidades de cobertura en dólares -otra señal de tirantez- no parecen excesivas. Los swaps de dólares, en la semana al 8 de junio, sumaron 5 mil millones. Nada del otro mundo. Las mismas compras de bonos soberanos por parte del BCE involucran montos declinantes semana tras semana (y están centrados en deuda griega). De adquirir 16,5 millones la primera semana se pasó a 6,5 millones en la cuarta.
P.: La última subasta de liquidez del BCE atrajo a 96 bancos que pagaron un 1% por un fondeo que, a condiciones de mercado, hubiese costado la tercera parte. Es obvio que hay dificultades de acceso.
G.G.: No lo niego. Y allí concurrieron entidades de todos los países. No solo de España. Mire, si no funciona el mercado interbancario, los bancos, a su vez, tienen que armar un mayor colchón de liquidez precautoria. No se olvide que los bancos no sólo toman prestado del BCE un volumen récord de recursos, también tienen depositados una masa enorme de fondos en el banco central. La última cifra disponible alcanza a 284 mil millones de euros, ociosos y colocados a un magro 0,25%. En contraposición, el uso de la ventanilla de préstamos marginal (la que cuesta 1,75% y revela la presencia de dificultades serias) fue de apenas 367 millones.
P.: Quizás la situación no se esté agravando pero no me diga que, aun así, no se trata de un examen terriblemente difícil de superar. La presión no desaparecerá por arte de magia.
G.G.: España enfrenta una próxima huelga general. El desempleo es del 20%. El predicamento del Gobierno de Zapatero se hizo trizas. Para peor, las medidas pueden tildarse de inadecuadas y, en los hechos, nadie tiene la paciencia de mirar las cifras fiscales; simplemente se desconfía de los resultados de un ajuste deflacionario y carente de apoyo político. Como España encabeza la lista de blancos de la crisis, saber que la banca española enfrenta este año vencimientos de deuda en torno a los 125 mil millones de euros explica la saña particular. Es más fácil levantar el dedo acusador contra las cajas regionales españolas que contra los Landesbank alemanes (aunque España tenga un fondo específico de 90 mil millones de euros para lidiar con el problema). Y, en principio, el momento está bien escogido. El 1° de julio vencen los 440 mil millones de euros que los bancos europeos tomaron del BCE a un año de plazo, en 2009, y es de suponer que las tensiones en los mercados monetarios puedan reavivarse.
P.: Esperemos que el BCE no se duerma.
G.G.: No casualmente fijó para el 30 de junio la realización de una subasta de fondos a tres meses, sin límite de asignación. Quien lo requiera, debería poder refinanciar sin mucho drama.
P.: Será el punto final para las versiones de rescate.
G.G.: Me temo que no. Bastará cualquier contratiempo menor - por ejemplo, un traspié en una licitación regular de deuda pública- para activarlos de nuevo. Esta no es una carrera de cien metros para recobrar la confianza, sino una verdadera maratón.

