16 de junio 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Tres días consecutivos de suba ya generan una incipiente euforia, pero para Gordon Gekko -el especialista en mercados internacionales detrás del seudónimo-, lo que rige es un mercado lateral. Con un piso ya testeado y un techo que puede ubicarse en un 3% o un 5% más alto que su cierre de ayer, pero que resultará difícil de quebrar mientras no se conozca el verdadero impacto de la crisis europea sobre la salud de la recuperación de la economía global.

Periodista: Las Bolsas bajan con fuerza un día, suben el otro con similar tesón. Es un serrucho con dientes filosos pero que no tiene un rumbo definido. Cuando las acciones bajan, se dice, son los temores por la recuperación global. Cuando suben, a la rueda siguiente, es porque se afirma, con igual desparpajo, que el crecimiento mundial no se verá afectado. ¿Con qué explicación quedarse?

Gordon Gekko:
Conviene mirar el bosque y no tanto los árboles.

P.: ¿Y qué se ve cuando se mira el bosque?

G.G.:
Un impacto atenuado. Ni siquiera se puede asegurar que Europa en su conjunto, o la eurozona, se haya deslizado de nuevo hacia el vértice de una recesión.

P.: No hay «double dip».

G.G.:
No lo hay. Al menos, no todavía.

P.: Pero tampoco puede descartarse.

G.G.:
Lo que sí existe es la amenaza. Que quita el sueño porque pende como una peligrosa espada de Damocles, pero que todavía no se concretó ni siquiera en la región más expuesta a los problemas que es Europa.

P.: Y donde una recaída -fruto de las dificultades de financiamiento- luce más probable.

G.G.:
Tal cual. Los avatares de las Bolsas recogen, en parte, los vaivenes con que se percibe dicha amenaza.

P.: La percepción no es uniforme. No tiene tampoco una intensidad creciente.

G.G.:
No. Si uno mira los indicadores líderes de la OCDE, por ejemplo, lo que anticipan es apenas una desaceleración de la expansión. De ninguna manera un quiebre. Sin embargo, como la crisis es pegajosa, y cada día surge una mala noticia que puede volver a encender la mecha de una corrida, cabe esperar que la vigilia dure mucho tiempo. Mientras tanto, como los mercados no son como los aeropuertos, y no cierran por falta de visibilidad, habrá que entretenerse con estos carreteos.

P.: Que amagan convertirse en despegues pero son sólo movimientos a uno y otro costado.

G.G.:
Un mercado lateral. Muy pendiente de cada dato individual; capaz de exagerar en su interpretación un día; para olvidarlo por completo 24 horas más tarde y pasar a obsesionarse con el próximo indicador. En el fondo, lo que el mercado quiere saber -cuánto daño ocasionará la crisis europea y sus ramificaciones- no puede saberse en un plazo perentorio.

P.: Y tampoco se decide a ignorarlo, a pasarlo completamente por alto.

G.G.:
Lo que parece bastante prudente.

P.: La falta de visibilidad no cierra los mercados, pero reduce el número de vuelos, el nivel de actividad. El volumen es bajo.

G.G.:
La estacionalidad tampoco es propicia. Las vacaciones del hemisferio boreal siempre reducen la cuantía de transacciones y las tenemos por delante. Por eso pienso en una fase de transición que se prolongue.

P.: Aun así se detecta un cambio de ánimo. Hasta diría una incipiente euforia.

G.G.:
A mitad de la semana pasada, Wall Street se mecía al borde del abismo. Tres días de suba y aflora el optimismo. ¿Es el Prozac? Yo diría, más bien, la influencia del análisis técnico. La idea de un rango y no de una caída vertical ganó predicamento.

P.: Dos o tres veces se coqueteó con la posibilidad de un Lunes Negro. No ocurrió. ¿Cree que el mercado descartó ya la idea del apocalipsis?

G.G.:
La verdad es que estamos en el limbo. Ni paraíso ni apocalipsis, sino a la espera de un veredicto. Y hasta que los fundamentos no dicten sentencia, la gente escarbará en la basura. Antes se leían las vísceras de los animales, ahora se estila interrogar la traza de los gráficos.

P.: Que el índice S&P 500 haya quebrado la media de precios de las últimas doscientas ruedas es el talismán que despierta esa incipiente euforia que mencionaba...

G.G.:
Permite completar una constelación de astros que se reputa como favorable. A falta de brújula.

P.: Un mercado lateral define un rango de cotizaciones. Un piso y un techo.

G.G.:
Ya hemos corroborado, en tres ocasiones distintas, que existe un piso resistente en la franja de 1.025-1.050 puntos del S&P 500. Lo que corresponde, ahora que despunta una mejoría, es averiguar dónde reside el techo.

P.: ¿Es lo que el mercado se propone indagar?

G.G.:
Lo intentó, por primera vez, en la antesala del último informe de empleo. La mala noticia de una magra creación de puestos de trabajo en el sector privado lo devolvió zumbando. Pero, helo aquí, diez días después, otra vez en la misma brecha.

P.: ¿Le espera una misma decepción?

G.G.:
De hecho, ya trepó a un escalón más alto. Y absorbió, sin pestañear, una buena cuota de noticias desagradables. En ese sentido, está mejor pertrechado. Y el avance está sustentado en una base más amplia de participación. Hay un repunte del euro que ayuda a calmar los nervios sobre Europa. Que Merkel y Sarkozy hayan podido acordar una foto sonriente juntos es un buen augurio.

P.: Por lo menos, evitará los exabruptos unilaterales.

G.G.:
Tal cual. Mire otros focos de debilidad: los commodities también se enderezan. Es importante que el sector energía se despegue del tirabuzón en el que cayó BP. Las subastas de deuda de España e Irlanda salieron bien. Pese a todo el ruido y la rebaja de la calificación de la deuda griega.

P.: Lo que acontezca en Europa seguirá siendo relevante.

G.G.:
Este mercado lateral es tributario del paquete

europeo de estabilización. Hubo que parar la corrida contra la deuda europea para poder habilitar, un mes después, una meseta de precios.

P.: Lo curioso es que el mecanismo en sí -el fondo de los 750 mil millones de euros- todavía no fue utilizado.

G.G.:
Lo importante era controlar el pánico. Y no hizo falta mucho dinero. Las compras de bonos del Banco Central Europeo -que fueron el arma que sí se disparó- apenas suman 47 mil millones de euros. Menos de 30 veces la suma que gastó la Fed cuando intervino en los mercados de bonos de largo plazo de los Estados Unidos.

P.: ¿Dónde cree que se ubica el techo del rango del mercado lateral? ¿Hasta dónde llegará el rebote?

G.G.:
No me sorprendería que se pueda avanzar otro 3% o 5% más. Difícilmente lo sea en línea recta y si se lo sobrepasa, tampoco me extrañaría que la permanencia sea breve y acabe en otro coscorrón.