31 de agosto 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Los bancos centrales se preparan para una segunda ronda de estímulo. El Banco de Japón, ayer, dio el puntapié de partida. Y la Reserva Federal estadounidense, según la opinión autorizada de Gordon Gekko, hará otro tanto en su próxima reunión de setiembre. El especialista en mercados internacionales escuchó las palabras de Bernanke en Jacskon Hole. No obstante, piensa que la marcha de los acontecimientos doblegará su reticencia y lo forzará a comprar bonos del Tesoro.

Periodista: Se suponía que, a esta altura, los bancos centrales estarían ocupados en desmontar las políticas de estímulo monetario. A fin del año pasado, los mercados de futuros apostaban a una suba de tasas de interés para agosto en los EE.UU. No pudo ser. Todavía hay mar de fondo.

Gordon Gekko:
Cuando Ben Bernanke fue al Congreso, por las sesiones Humphrey Hawkins, un mes atrás, el 90% de su discurso estuvo dedicado a explicar las estrategias de salida para abandonar las políticas de aliento extraordinario, sin atizar la inflación. En Jackson Hole, un mes después, Bernanke no tocó el tema. Se dedicó, en cambio, a pasarle revista a la munición de la que dispone el banco central para reforzar el estímulo monetario.

P.: Pero se abstuvo de mostrar prisa por emplearla.

G.G.:
Lo que no cierra ninguna puerta. La marcha de los acontecimientos dictará la agenda.

P.: La Fed no se anticipará.

G.G.:
Debería, pero no hay consenso.

P.: ¿Qué cree que hará la Fed en su próxima reunión del 21 de setiembre?

G.G.:
Mi impresión es que tendrá que anunciar una compra masiva de bonos del Tesoro.

P.: Ello no surge de las palabras de Bernanke.

G.G.:
No las contradice tampoco. La recuperación hace agua en varios frentes a la vez. El deterioro se aceleró y ello forzará la decisión.

P.: Será una segunda vuelta de estímulo. ¿Resultará eficaz? Se dice que segundas partes no son buenas. Las tasas de interés ya son muy bajas. El sistema financiero nada en liquidez excedente. Y las tasas largas vienen bajando desde abril y, aun así, no contuvieron el daño.

G.G.:
La clave era lograr que la confianza en la recuperación no se lesionase. Que el gasto de los privados, que tanto costó reencauzar, no se frenara ante el primer contratiempo.

P.: No se consiguió.

G.G.:
Si usted mira las cifras revisadas del segundo trimestre, verá una desaceleración muy marcada del PBI en los EE.UU.

P.: De crecer al 5% a fines de 2009 se pasó al 3,7% de enero a marzo y al 1,6% de abril a junio.

G.G.:
Sí. Pero, en paralelo, la demanda agregada hinchó las velas y creció a más del 4%. Las importaciones se incrementaron el 32%.

P.: Lo que no suele ocurrir con una economía desfalleciente.

G.G.:
El secreto está en los detalles de la dinámica. En el primer semestre, la demanda final creció a un ritmo estable y parejo, aunque moderado, apenas por encima del 1%.

P.: La demanda agregada se expandió más fuerte porque aumentaron los inventarios.

G.G.:
Tal cual. Calculo que el grueso del salto de las importaciones estará engrosando stocks. Pero lo que lucía como una pausa natural en mayo y junio tiene todos los visos de haberse transformado en un parate más profundo en julio y lo que va de agosto.

P.: ¿Qué pasó?

G.G.:
Primero se pisó el freno por cautela y, luego, un sector fue arrastrando al otro. Fíjese en la inversión fija que, entre marzo y junio, creció casi al 20%. La compra de equipamiento y software se incrementó el 25% en el segundo trimestre.

P.: Y ahora Intel avisa que se debilita la demanda de computadoras personales.

G.G.:
Dell y Hewlett-Packard ya habían notado los mismos síntomas. Lo de Intel es una confirmación más seria porque si no la firma no pagaría el costo de anunciar, con tanta antelación, un cambio en sus proyecciones de ingresos y ganancias para el tercer trimestre.

P.: Quizás se trate de un único renglón que se enfría.

G.G.:
No se engañe. Mire las órdenes de bienes durables de julio.

P.: La demanda de bienes de capital.

G.G.:
Quite los componentes de defensa y los muy volátiles datos de aviación, y notará una merma abrupta del 8%. De vuelta, hablamos de la inversión fija, un área en plena recuperación en el segundo trimestre -le repito, creció casi el 20% a junio- y que ahora, de buenas a primeras, también titubea.

P.: Tal vez sea un contratiempo puntual.

G.G.:
El problema es que sus efectos se contagian en cadena. Y no hay un muro cortafuegos.

P.: La Fed no intervino de manera directa. Pero alentó, o, por lo menos no impidió, la baja de las tasas largas. Sin embargo, no funcionó.

G.G.:
Sirvió para atajar el impacto sobre las condiciones financieras. Una vez calmada la crisis europea, los mercados de capitales no sumaron turbulencias. No se les puede achacar responsabilidad.

P.: Pero no alcanzó para evitar el deterioro de la economía real. ¿Por qué lo haría una intervención abierta de la Fed?

G.G.:
Sería mejor que participase la política fiscal. Pero, ya se dijo, en el debate estímulo versus austeridad, la pulseada favorece a quienes piden recoger el barrilete del gasto público.

P.: La Fed pensaba ensayar una estrategia de salida de las posiciones de estímulo, pero no puede hacerlo. En cambio, la política fiscal hace mutis por el foro.

G.G.:
Tal cual. Por eso la presión recae sobre la Fed. La política bloquea cualquier intento de reactivar una expansión fiscal. Y, por diseño, en el margen, sus efectos comienzan a revertirse en el segundo semestre y lo harán aun más el año próximo. Sólo queda la Fed para dar batalla.

P.: Por lo menos hasta que pasen las elecciones de mitad de período en noviembre.

G.G.:
Correcto.

P.: Y para peor la Fed, en las actuales condiciones, no tiene muchas chances de ser eficaz.

G.G.:
No se equivoque. Sin la Fed, sería muy difícil evitar que la situación actual no degenere con rapidez en una catástrofe. Así que tendrá que involucrarse de lleno. Pero la Fed, por sí sola, si la economía se hunde, y se pierde la fe en el futuro, no logrará torcer el rumbo. Aunque pueda hacer mucho más que lo que enunció Bernanke en Jackson Hole. Necesitará refuerzos. Como ya se vio en 2008. Con suerte llegarán después de los comicios.