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Diálogos en Wall Street
De estar a un paso de los récords a tener que retroceder por el mal tiempo, Wall Street debió aceptar los límites que le impone una realidad mezquina. Ni el mercado laboral ni Europa han superado sus bemoles. Gordon Gekko, el alter ego de un especialista curtido de las finanzas internacionales, examina el contratiempo y destaca la necesidad europea de hallar un nuevo enfoque para conjurar la crisis.
Gordon Gekko: No se queje. No está mal. Los mercados se muestran más sólidos que la realidad que los rodea.
P.: Wall Street acarició los máximos de abril.
G.G.: Demasiado ímpetu considerando el respaldo con que contaba.
P.: Se pensó que el mercado laboral acompañaba.
G.G.: Habrá que esperar. Y cruzar los dedos para que en la transición no desmejore.
P.: Hubo nuevos máximos del Dow Jones de Transporte.
G.G.: Se colocó una pica en Flandes. En rigor, una pica y media. El índice Dow de compañías de servicios públicos igualó su cumbre anterior. Y el índice Dow Industrial se frustró en el último palmo. Le repito, no está nada mal.
P.: Lo que sí está mal es Europa.
G.G.: Mete ruido de nuevo.
P.: No es lo mismo discutir por la suerte de Grecia que preocuparse por la deuda de Italia.
G.G.: Es un salto delicado.
P.: El contagio era el enemigo que había que evitar. Esquivó a España, pero se ensañó con Italia.
G.G.: Así es. De lejos era preferible que la crisis mantuviera el foco en España.
P.: ¿Por qué?
G.G.: Es más sencillo frenarla en España que en Italia. O en Bélgica.
P.: ¿Por qué?
G.G.: Porque España está más dispuesta a los sacrificios. El tamaño de su deuda es significativamente menor y la pulseada luce más manejable. Y, por último, una crisis que muerde a Italia, también, por extensión, presiona a España. No le suelta los colmillos. Cuando era al revés, Italia podía fantasear con que estaba a salvo de una corrida. Y sus tasas de interés podían no contaminarse.
P.: No es el caso actual.
G.G.: Correcto. Tanto la deuda italiana como la española se hunden a los peores niveles desde que comenzó la tormenta.
P.: Italia ya franqueó el umbral del 5,5% a diez años.
G.G.: 5,64%, esta mañana. Y España, sin estar en el ojo del huracán ni encabezar los titulares de la prensa, ya superó el 6%. Sólo Bélgica conserva una relativa calma. Y tasas cercanas al 4%...
P.: No se sabe cómo se instrumentará el paquete de ayuda ampliada a Grecia y ahora se suma la inestabilidad en un escalón de países grandes como Italia. ¿Sabrá Europa cómo lidiar con la situación?
G.G.: Lo único positivo del contagio es que obliga a tomar el toro por las astas. Para Grecia, por ejemplo, es mucho mejor. Pero, es verdad, Europa necesita cambiar de cuajo el enfoque que aplica. Queda claro que si continúa así le espera un futuro sombrío.
P.: La crisis es un dominó que va derribando las fichas de a una. ¿De qué sirve que Angela Merkel, la premier alemana, diga que tiene confianza absoluta en que el Gobierno italiano podrá resolver sus problemas de déficit?
G.G.: En nada. Es más un epitafio que un vaticinio. Pero una cosa es cierta: cuando Grecia está contra la pared, Europa puede perder el tiempo. Cuando la crisis acorrala a Italia, es otro asunto. Completamente. El año pasado, un atisbo de lo que vemos ahora -el contagio a Italia- fue el verdadero disparador de los desembolsos a Grecia, del lanzamiento del fondo europeo de estabilización y del compromiso del Banco Central Europeo de ensuciarse las manos con la compra de deuda pública.
P.: ¿Cree que se repetirá la estrategia?
G.G.: Incremente la intensidad de la corrida contra la deuda peninsular y verá caer los pretextos para no embarrarse.
P.: Pero no hay consenso sobre los pasos a tomar.
G.G.: Tampoco lo había entonces. El BCE tampoco quería involucrarse con la deuda pública. Revise las palabras de su titular, Jean-Claude Trichet, y verá una desmentida categórica apenas unos días antes de lanzar el programa.
P.: Allí se jugó el destino de quien iba a ser su sucesor -Axel Weber- en el BCE. Su negativa se mantuvo aun cuando el BCE revisó su posición y accedió a la compra de deuda pública.
G.G.: Nada es fácil. Pero ni EE.UU. ni Gran Bretaña ni Japón han podido enfrentar la crisis sin que la Tesorería y el Banco Central sumen esfuerzos. Lo que se quiere en Europa, desentenderse y que se ocupe el otro, no ha dado resultados. Y la crisis apura los relojes.
P.: La suba de tasas de interés del BCE, en este marco, no luce como un gran acierto.
G.G.: Es un desatino, sin dudas, pero a esta altura le diría que hasta resulta trivial.
P.: Italia no tiembla porque el BCE eleve sus tasas cortas del 1,25% al 1,5%.
G.G.: No. Aunque incentiva la corrida. Involuntariamente está diciendo que sintoniza otra película en otro canal. El mensaje es de completa incomprensión de lo que acontece.
P.: La versión -sin confirmar- que trae Die Welt es que las críticas parten del BCE a los gobiernos porque no han sabido construir una muralla defensiva más sólida. En concreto, se plantea que los gobiernos deberían duplicar el tamaño del Fondo Europeo de Estabilización Financiera y llevarlo a 1,5 billón de euros.
G.G.: Es un cruce de facturas. Pero si mira la experiencia disponible se dará cuenta, como le dije, que nadie pudo cortar la dinámica de la crisis sin apelar a un esfuerzo conjunto del Tesoro y del Banco Central.
P.: ¿Podrán sostenerse los mercados hasta que Europa, que siempre tarda para todo, encuentre una salida?
G.G.: No lo están llevando nada mal. Como el año pasado, a esta altura, estamos inmersos en un mercado lateral. Pero Grecia en 2010 forzó una caída del 15%. Y hoy por hoy ni siquiera se horadó el 10% de merma de una corrección convencional.


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