2 de septiembre 2014 - 00:11

Diálogos en Wall Street

Día del Trabajo en EE.UU. Y sacando provecho del feriado, Europa roba la atención. Con Ucrania al rojo vivo y la industria que se desacelera, otra vez soplan vientos turbulentos sobre la zona del euro. Hablamos con Gordon Gekko, a horas de la próxima reunión del BCE.

Diálogos en Wall Street
Periodista: Europa está en el centro de la escena. La economía se enfría peligrosamente. Y no es la periferia, es el corazón de la eurozona. Alemania, Francia, Italia...

Gordon Gekko: La actividad industrial en Irlanda, según la encuesta de Markit, anotó en agosto el nivel más alto de los últimos 14 años. No obstante, la pujanza de Irlanda es la excepción.

P.: La eurozona pierde bríos. La industria todavía crece, pero apenas. Agosto marcó su registro más pobre en 13 meses. ¿Es una pausa circunstancial o el reflejo de un daño más profundo?

G.G.: También se desinflaron Gran Bretaña y China. Pareciera haber un enfriamiento de la actividad manufacturera en general, en todo el mundo.
P.: Si uno analiza las cifras del producto bruto nota que lo de Europa va más allá.

G.G.: No hay dudas. En ese cuadro, la industria era un puntal sólido, y ahora se debilita. Es llovido sobre mojado. Y la crisis de Ucrania, las sanciones a Moscú y las represalias con las que amenaza Vladímir Putin hacen pensar en un deterioro con espacio de sobra para agudizarse.

P.: La economía se enfría peligrosamente. La geopolítica se recalienta. Y ello entraña más peligro todavía.

G.G.:
No es el mejor de los maridajes.

P.: Nada presagia que las turbulencias vayan a calmarse pronto. Ucrania habla de la proximidad de la "gran guerra" con Rusia.

G.G.:
Putin es abrasivo. No ayuda. Y ya no oculta el uso de su maquinaria militar.

P.: Incluyendo tanques y tropas.

G.G.:
Sube la apuesta. Le dijo a José Barroso, presidente de la Comisión Europea, que si quería, estaba en condiciones de tomar Kiev en un par de semanas.

P.: Y propone discutir el estatus de "Estado" del sudeste de Ucrania. O sea, suma una provocación tras otra. ¿Será que piensa que Occidente mirará para otro lado?

G.G.:
En un principio, probablemente sí. A esta altura, no.

P.: ¿Cuál es la lógica? La economía rusa no saldrá indemne de la aventura.

G.G.:
Para la economía será catastrófico.

P.: ¿Y entonces?

G.G.:
El viraje nacionalista tiene su público consumidor. La imagen interna de Putin saltó por los aires.

P.: ¿Mucho?

G.G.:
Su aprobación pasó del 61% al 85%. Un nivel que no alcanzaba desde 2008. Recuperar Crimea tocó un nervio sensible. Y ha vuelto a colocar al ex hombre fuerte de la KGB en la cima del liderazgo.

P.: Hasta que la realidad le marque los límites. ¿Vamos a un escenario de guerra abierta?

G.G.:
Estamos en la senda. Veremos si Putin está dispuesto a llegar a tanto. Él mueve las blancas.


P.: ¿Qué puede hacer Europa si no logra disuadirlo? No se le puede pedir al BCE que anule los efectos de una conflagración.

G.G.:
En el invierno europeo, Putin va a cortar el suministro de gas. Lo mejor es jugar duro ahora que el clima es más benigno.

P.: La economía ya siente las bajas temperaturas.

G.G.:
Lo dijo Merkel, con todo lo malo que resulten las sanciones económicas, peor será si se deja que Putin ponga los límites a su antojo. Vamos a políticas más flexibles, pero que no podrán compensar las consecuencias adversas.

P.: El jueves se reúne el BCE. ¿Sacará Mario Draghi otro conejo de la galera?

G.G.:
Quizás la "Draghinomics", según la bautizó Nouriel Roubini, antes aún que se produzca su bautismo de fuego. La palabra es un estilete en poder de Draghi, y no creo que deje pasar la ocasión sin emplearla a fondo.

Dejá tu comentario