6 de enero 2015 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Día de zozobra en Wall Street por la fragilidad del petróleo. Excelente oportunidad para conversar con un Gordon Gekko que no pierde su tranquilidad.

Diálogos en Wall Street
  Periodista: ¿Pasamos de la teoría del "peak oil" a la de un "pico" en la Bolsa? Nos espantó el petróleo cuando subía sin freno, y nos vuelve a estremecer porque amaga hundirse por debajo de los 50 dólares? Palos porque bogas, y palos porque no...

Gordon Gekko:
Los barquinazos son peligrosos. Por eso, los cambios bruscos, los saltos en la volatilidad, erizan la piel. Con tantas sacudidas, aumenta el riesgo de cristales rotos.

P.: De acuerdo. Pero no son sólo las fluctuaciones de precio; que el crudo no encuentre un piso sólido acrecienta el nerviosismo.

G.G.:
La manera más natural de recobrar la calma -de regresar a un régimen de baja volatilidad- sería establecer un piso firme. Se pensó en 60 dólares por barril, en 55 dólares, pero no pudieron sostenerse. Ahora cruje el nivel de 50 dólares para el crudo WTI...

P.: El mundo estaba más cómodo -seis meses atrás-con el petróleo en 100 dólares que ahora que cuesta la mitad. Un mercado de liquidez enorme (nada fácil de manipular) como el de los bonos del Tesoro lo certifica. La tasa de diez años bajó medio punto, al 2,05%.

G.G.:
Y eso que se retiró el principal jugador, la Fed, que por aquel entonces, todavía ejecutaba el programa QE3 de compra de bonos.

P.: Leo proyecciones que hablan de un efecto negativo sobre la creación de empleo y la actividad económica en los EE.UU. Quien maneja el fondo Double Line -Jeff Gundlach- dice que "si el petróleo se hunde a 40 dólares, las consecuencias geopolíticas podrían ser terribles".

G.G.:
La teoría del "peak oil", que usted citó, postulaba la creciente escasez del crudo, y lo justificaba mostrando la suba vertical de sus cotizaciones. Pero gracias a esa dinámica, se desarrolló la explotación no convencional y hoy el petróleo, circunstancialmente, sobra. Lo cual empujará la actividad económica y el empleo en el mundo, y también en los EE.UU. En paralelo, obra una rotación de ganadores y perdedores entre los países, sectores y compañías, que se despliega en modo acelerado y que -por ser importante e imprevista- no estará exenta de trauma.

P.: Por momentos, se entiende. Por momentos, se lo pone en duda.

G.G.:
Un mundo que funciona a petróleo -y que no tiene buenos sustitutos a costos razonables- funcionará mejor con una oferta elástica de combustible. ¿Qué parte no se entiende? ¿Será dañino que desaparezca la espada de Damocles -que nos acompañó todos estos años- de una crisis energética en ciernes? Pienso que no.

P.: Quizás se tema la transición. Antes de llegar a buen puerto se puede producir un naufragio.

G.G.:
Ya lo dijimos. Algún accidente va a ocurrir. De hecho, Rusia ha tenido que rescatar -y apuntalar- a sus bancos. Y esto recién empieza.

P.: Además las tensiones geopolíticas que se mencionan son reales.

G.G.:
Seguro. Aunque no necesariamente representan focos de tensión novedosos. Y es difícil trazar un balance a priori que nos diga si los peligros ahora son mayores que antes, o viceversa.

P.: ¿Cómo es eso?

G.G.:
¿Qué Putin supone más dolores de cabeza? ¿Aquel que disponía de una relativa holgura de recursos, o este que quedó atenazado por la caída del precio de las materias primas (no sólo el crudo), las sanciones de EE.UU. y Europa, y una recesión galopante?

P.: ¿Qué es preferible? ¿Un tigre herido o uno saludable?

G.G.:
No lo sé. Lo que sí sabemos es que hay un tendal de heridos entre los casos complicados. La incertidumbre -que siempre es un lastre- es grande.

P.: La situación política de Grecia en este marco, ¿es llovido sobre mojado?

G.G.:
La canciller Merkel eligió buen momento para decir que si Grecia se quiere ir de la eurozona, que se vaya. Pero la verdad es que Syriza no se quiere ir. Y si un país no dice adiós, no hay manera de expulsarlo tampoco. Lo bueno del combo, crisis del petróleo y crisis griega, sería poder facturar los dos problemas en simultáneo al precio de uno. En rigor, los problemas son tres. La fortaleza del dólar y la volatilidad cambiaria también se agitan en la coctelera. Es un proceso de endurecimiento implícito, acotado, que tiene la ventaja de una Fed de brazos cruzados. No me quejaría. Nos permite comprobar qué tan firme es el terreno que estamos pisando.

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