27 de agosto 2012 - 00:00

DiDonato: “Sé que quiebro algunas veces los límites”

Joyce DiDonato: «En un recital con piano no hay forma de esconderse; uno está completamente desnudo como artista».
Joyce DiDonato: «En un recital con piano no hay forma de esconderse; uno está completamente desnudo como artista».
La mezzosoprano norteamericana Joyce DiDonato, una de las estrellas internacionales de la lírica actual, ofrecerá hoy y el miércoles dos únicos recitales para el Mozarteum Argentino en el Teatro Colón. Especializada en el repertorio mozartiano, en HTMndel y en Rossini, se la considera sucesora de Frederica von Stade y Susan Graham. Dialogamos con ella:

Periodista: Usted empezó a cantar ópera a los 21 años. ¿Cómo fue su vida previa y cómo fueron sus comienzos?

Joyce DiDonato: Yo tenía una vida muy musical. Crecí con mi padre, que era director del coro de la iglesia, hacían Bach, Palestrina, Monteverdi, obras muy clásicas del repertorio coral. En el colegio seguí el camino del coro, y también el de los musicales, de manera que estaba habituada a hacer música y en un escenario, pero la ópera aún no había llegado. Lo único que sabía de ese género era que la gente hacía «Aaaaaah aah ahaaaaah!», y eso no me entusiasmaba pero amaba estar en el escenario, pero también sabía que era imposible para mí hacer carrera en Broadway. Me uní a un coro de ópera, y me enamoré de ella completamente, y me llevó a lugares al que nunca hubiera soñado llegar.

P.: ¿Qué fue lo que la cautivó especialmente?

J. D.D.:Me di cuenta muy pronto de que demandaba todo lo que soy: actuación muy física, algo muy intelectual, con la cuestión idiomática, el estudio, muy musical, pero son elementos espirituales, emocionales e incluso psicológicos en juego.

P.: ¿Alguna vez tuvo dudas acerca de su registro?

J.D.D.: No, y no me interesa la etiqueta de «mezzo lírica de coloratura», porque son en su mayoría inventos modernos, y en parte de la música que yo canto, de los siglos XVII y XVIII, esas etiquetas no existían. Nunca dudé del repertorio que debía hacer. Si eso encaja o no en una etiqueta moderna, no me importa, aunque reconozco que quiebro un poco los límites. La condición para asumir un papel es tener algo artístico y vocal para decir sobre él.

P.: ¿Cuáles de los papeles que interpretó la conmovieron más?

J.D.D.: Todos, es decir, en cada uno, sin excepción, encontré algo bello en el personaje, y pude encontrar la travesía piscológica y dramática para llegar a él. Estoy a punto de volver a cantar Romeo, recuerdo que cuando lo canté, hace cinco años, me impresionó la riqueza y el apasionamiento del personaje. Acabo de cantar «Maria Stuarda», y fue una travesía extraordinaria de realizar, el nudo dramático en el que ella está, y cómo termina exaltada en esa idea del asesinato. También la Hermana Helen Prejean [«Dead man walking», de Jake Heggie], que es probablemente el personaje más cercano a mí porque vive en el mismo mundo en que yo vivo. No tengo que imaginarme cómo sería ser un Montesco, o un príncipe o aristócrata del siglo XVII. EL tema de la ópera, más que la pena de muerte, es la injusticia social, y plantea preguntas que me tocan directamente a mí como mujer del siglo XXI. A pesar de que ella es una monja, está en una cárcel, es un mundo totalmente distinto pero a la vez el mismo, ella está en una profunda sintonía conmigo.

P.: Heggie está escribiendo otra ópera para usted.

J.D.D.: Sí, es muy emocionante. Se llama «Great Scott», y lo primero que le dije al compositor fue «Jake, creo que tendríamos que hacer una comedia», después de «Dead man walking» necesitamos reírnos ahora. Va a ser algo muy emocional y conmovedor, aún con toques de comedia, y me hace feliz.

P.: ¿Le sucedió a menudo recibir propuestas de papeles que tuvo que rechazar?

J.D.D.: Tengo muchos pedidos, lo cual es una posición maravillosa, muchas veces es muy difícil porque tengo que decir que no, y no me gusta: me gusta decir que sí. Pero estoy feliz de haber tenido pocas propuestas en las que dije: «Están locos!», como Eboli, o Leonore («Fidelio»), pero creo que la gente sabe qué es lo que puedo cantar, y no es simplemente una cuestión de calendario, y la cuestión es tener suficientes días para mí en el año.

P.: Qué personajes le gustaría abordar en el futuro?

J.D.D.: Me gustaría seguir volviendo a algunos que ya canté, así que en los próximos cinco años estaré volviendo a Romeo, María Stuarda, Cendrillon, incluso Octavian. Hubo un lapso en el que hice un papel nuevo detrás del otro, y sé lo importante que es repetirlos, porque es así que los papeles crecen y uno encuentra tantos estratos diferentes y puede hacer la interpretación mucho más compleja. Esa es mi prioridad ahora.

P.: ¿Cómo elige las canciones o arias de un recital?

J.D.D.: Tengo que amarlas. Es la idea principal, porque en un recital con piano no hay forma de esconderse; uno está completamente desnudo como artista. Si uno no se identifica con las obras el público tampoco puede hacerlo. Hay que sentirlas profundamente; eso tampoco garantiza que el público vaya a hacerlo, pero tienen una mayor oportunidad. También intento encontrar coherencia. Me gusta encontrar un tema que haga de la noche una noche coherente. Ésta será mi primera actuación aquí, y pienso que la gente me conoce por transmisiones o grabaciones, Buenos Aires es una ciudad con un enorme legado, ni siquiera puedo pensar en eso, me hace poner muy nerviosa. Pero quisiera presentarme en vivo con un repertorio por el que soy conocida y cosas que amo. Por eso elegí ópera, canciones, por ejemplo Obradors. ahora no sé por qué elegí empezar con música española. Pero esas canciones las estudié para mi examen en la Universidad, hace alrededor de 20 años, y son una de las razones de que me haya enamorado de la música y el canto: tuvieron un gran impacto en mí, pensé por qué la música es importante, porque son emocionales, son hermosas, dan conexión con el público. Por ser una semilla de lo que soy como artista quise empezar con Obradors, pero también quería hacer Mozart, HTMndel Rossini, canciones que amo, quería hacer cosas humorísticas, «pathos», coloratura. es un programa ecléctico y grande. Pero quise presentarme con un paneo general de lo que soy como artista.

P.: ¿Cómo fue la experiencia de cantar aquella Rosina en silla de ruedas en el «Barbiere» del Covent Garden?

J.D.D.: Es una historia loca. En la noche del estreno, justo después de «Una voce poco fa», estaba corriendo por el escenario, y mi taco se trabó en un hueco del escenario y me caí en la mitad del recitativo. Pensé que no iba a poder seguir, era una explosión de dolor en mi pierna, y nunca me había roto un hueso antes. Inmediatamente intenté levantarme y me di cuenta de que había algo mal porque no podía. De alguna forma intenté seguir adelante, y mi maravilloso elenco, Juan Diego Florez, Alessandro Corbelli, Ferruccio Furlanetto, me ayudaban, me daban sillas, dejaban que me apoyara en ellos. Terminé la función, pero la única forma de continuar era en una silla de ruedas. Lo maravilloso de eso es que la idea de Rosina es que anhela su libertad, quiere ser libre, y estar en esa situación, confinada, era literalmente esa misma idea. Creo que fue una de mis mejores actuaciones como Rosina. Estuve haciendo recitales en Londres en el verano, y una mujer vino a verme en silla de ruedas, y me miró a los ojos y me dijo: «Realmente tengo que decirle algo: eso cambió mi vida, porque nunca antes había visto a alguien como yo en el escenario». Y pensé: «Es algo muy fuerte». No fue mi intención, fue sólo un resultado, pero fue inolvidable.

P.: Un diario afirmó que usted rompió los moldes de la diva de ópera. ¿Está de acuerdo con eso?

J.D.D.: No sé. Sólo hago lo que hago, y la forma en que el público lo recibe es. a algunos les gusta, otros piensan que debería ser más misteriosa, más como una diva, no sé, pero me parece importante ser auténtica, simplemente como soy, y creo que lo que hace interesante a un artista es cuando se ve quién es, y no una personalidad fabricada. Incluso en este recital quiero salir y ser lo que soy, es la forma más pura de hacerlo.

Entrevista de Margarita Pollini

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