3 de abril 2009 - 01:07

Difícil: detectar perlas en medio de 400 films

Va terminando el 11° Bafici. No hubo obras magistrales, pero sí varias interesantes y hasta buenas, lo mínimo que cabía esperar de un total de 407 títulos (cifra que asusta incluso a los directores de otros festivales que han venido a cambiar figuritas, como es costumbre). Tampoco hubo tantas deserciones como otros años, quizá porque las películas eran menos antojadizas, o acaso el público ya se está acostumbrando.
De lo que todavía merece verse, cabe señalar «Aquiles y la tortuga», la macabra versión coreana de «Hansel y Gretel», «Il divo», «Tulpan», «Pranzo di ferragosto», «Defamation», «Pizza in Auschwitz» y el documental «Yakuza Eiga», que en San Sebastián abrió una muestra de cine policial japonés, pero aquí vino al montón, lo que es un desperdicio (uno de los tantos de este amuchamiento ostentoso, y oneroso). Destacable, antes que se agoten las entradas, el programa infantil de mañana a la mañana, con los cortos de Eguía & Mantel y el mediometraje del Grupo Humus «Básicamente un pozo», de humor inocente (el del profesor que quiere llegar a la China con pico y pala).
Esta comedia encabeza el voto del público de la sección Baficito, donde también hubo muy lindos dibujos 2D y una retrospectiva dedicada a Michel Ocelot, artista admirable pero algo monocorde cuando se veía una obra suya atrás de otra (lo mismo pasó al mostrar juntos los tres capítulos de la miniserie «El Chaplin desconocido», que, además, está editada hace rato).
De las otras secciones en competencia, el público hasta ahora se inclina mayormente por «Plan B», «El último verano de la Boyita», «Breathless» y «Hunger», obras de género cuya narración se impone sobre la forma, buscando buena comunicación con los espectadores. Bien apreciadas, además, «Iraquí Short Films» y «Parque Vía», que ya es medio antojadiza en su minimalismo con final violento, tipo «El custodio». También tiene formas antojadizas «She Unfold By Day», doloroso home movie de una mujer con Alzheimer y su hijo también enfermo.
Pero aún falta computar las participantes de ayer, como la nativa «8 semanas», supuesto homenaje a Raffaela Carrá, y las de hoy, entre ellas «Treeless Mountain», de la ganadora de un Bafici anterior, So Yong-Kim, y «Rosa Patria», de Santiago Loza, sobre el poeta y militante homosexual Néstor Perlongher.
Otras películas hubo, dentro y fuera de competencia, sobre poetas, críticos de cine, músicos, gandules asociales, y/o indecisos (estos últimos, en comedias gays), profesionales del sexo en sus aspectos menos glamorosos, gente desfavorecida (tocantes, «Nobody's Perfect», que reúne a víctimas de la Thalidomida, y el mexicano «Los herederos», sobre trabajo infantil), sobrevivientes del Holocausto y/o del comunismo, comunidades en proceso de cambio (como «Soy Huao», indios ecuatorianos hasta ayer hoscos, que hoy usan cocina a gas para preparar una iguana), por necesidad («El viaje de Avelino», epopeya de un padre del interior llevando a su hija enferma hasta el hospital más próximo), viajeros por gusto («Acacio», donde un viejo matrimonio se pregunta en qué país habrá filmado tal o cual recuerdo). Todo muy variado, y hasta una rara película didáctica, «Conozca su hongo».
Algunas, en el montón, pasaron inadvertidas. Muchas no eran cine, en el tradicional sentido de la palabra, sino producciones televisivas de 58 minutos. Tampoco todas las de la sección Clásicos Modernos eran dignas de ese nombre. Por ejemplo, «Una mujer de la calle», de Moglia Barth (relación de una mujer de pasado turbio con su cuñado, 1939, guión de Edmundo Eichelbaum), pero está muy bien que el Museo del Cine la haya rescatado. Ahora sería bueno, y muy oportuno, rescatar otra del mismo director, «Boina blanca».

Dejá tu comentario