“Divergente”: el tedio futurista

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"Divergente, la serie: Leal" ("The Divergent Series: Allegian", EE.UU., 2015), Dir.: R. Schwentke. Int.: S. Woodley, T. James, M. Teller.

"Divergente" es un éxito tanto como best seller adolescente como en su versión hollywoodense, y tanto lo es que viene saturando el mercado. Pero también satura la tendencia gratuita consistente en tomar el último libro de las interminables historias, contadas como folletín en entregas, y dividirlo en dos partes para estirar el asunto en dos películas.

Esta estrategia, que ya prolongó el desenlace de Harry Potter logrando que lo que debía ser un final contundente se disipara en las dos películas menos atractivas de aquella serie, se repite con peores efectos en esta anteúltima parte de "Divergente", que tiene personajes menos interesantes y un planteo que retoma los tópicos más reiterados del género futurista.

Esta anteúltima secuela que, con dos horas de duración y un argumento menos interesante de lo que se podría haber logrado con la premisa original, es un punto abajo en un producto que tampoco era un hito del cine fantástico. Todo lo que se contaba en las películas anteriores cambia a una historia en la que los problemas se reducen a la manipulación genética de la raza humana para dominar a la gente a gusto del poder de turno, convirtiéndola en zombies o títeres que aceptan su destino sin pestañear.

Luego de hacer este descubrimiento, la heroína Shailene Woodley se ocupa de que las facciones que antes peleaban entre sí ahora enfrenten un enemigo común, repitiendo todos los lugares comunes de la ciencia ficción setentista de la que siempre se alimentó la saga. Las escenas de acción y algunos efectos especiales interesantes mitigan la ñoñería general y lo previsible del asunto, y un elenco apenas correcto, donde el que más se destaca es Jeff Daniels, tampoco ayuda a recomendar una superproducción larga en duración y corta en resultados.

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