5 de agosto 2010 - 00:00

Divierte la fórmula de “Pájaros volando”

La historia de un rockero y su primo hippie en un pueblito serrano visitado por extraterrestres no es tan graciosa como «Soy tu aventura», pero igual divierte.
La historia de un rockero y su primo hippie en un pueblito serrano visitado por extraterrestres no es tan graciosa como «Soy tu aventura», pero igual divierte.
«Pájaros volando» (Argentina, 2010, habl. en español). Dir.: N. Montalbano. Guión: D. Dreizik. Int.: D. Capusotto, L. Luque, V. Llinás, J.C. Mesa, A. Flechner, D. Dreizik, V. Weinberg, A. Cafiero, A. Pozzobón, O. Guzmán, T. Arévalo.

Una cosa es decir que los políticos dan risa, frase ligada al sarcasmo y la falta de respeto. En cambio da gusto decir que un viejo político argentino despierta naturalmente la más cariñosa sonrisa, porque tiene sentido del humor, gracia natural, un timbre familiar grato a muchas generaciones, sentido del tiempo y la ocasión, y porque ya está más allá del bien y del mal: don Antonio Cafiero, maestro. Cuando él aparece (y lástima que sea una sola escena), el público se regocija. Más aún, parece que todo lo anterior fue sólo un prólogo, y que con su aparición la película se pone a andar de veras. Muy bueno su parlamento, y solo él podía decirlo. Por algo años atrás el propio Capusotto le dedicó una canción.

Gran acierto de la producción, entonces, haber invitado al viejo líder peronista a la cabeza de los varios cameos que aquí aparecen, desde Víctor Hugo Morales repitiendo aquello de «No estamos solos en el universo», hasta los músicos Ciro Flogiatta, Héctor Starc, Willy Quiroga y Rodolfo García acompañando a Capusotto en el tema del título. Son placeres que se da el cómico, y el público festeja con la debida complicidad, lo mismo que haber incorporado al querido Juan Carlos Mesa como el gaucho Matildo y Atilio Pozzobón como un padre con más capacidad de levante que el hijo, que además anda con el ánimo por el suelo.

Como se sabe, el pibe es un rockero que hace veinte años tuvo sus dos minutos de fama y ahora atiende el teléfono de una remisería. Hasta que llega su primo hecho un hippie obeso y lo invita, más bien lo obliga, a empezar una nueva vida en un pueblito perdido de las sierras, por allá pasando Chajarata y El Ojote, a la vuelta de la rotonda del Ocote Negro (humor cordobés, que le dicen). Hasta ese pueblo llegan cada tanto los cretones, o crotones, o algo así, que son unos extraterrestres ladrones de gallinas. Por ahí va la mano: una caterva de divagantes de diverso pelaje, la mujer del gordo, harta de tanto divague, el criollo que como si tal cosa invita a su vecino a viajar en plato volador, la suspicaz mujer policía en un Mehari, atenta a un posible narcotráfico espacial, el recuerdo de una crisis anterior en la historia del rockero y su primo, graciosos efectos especiales, en fin, hay para entretenerse, y la gente se entretiene.

Comparada con «Soy tu aventura» (mismo director, mismo elenco principal, texto de Montalbano y Guillermo Hough) y con los programas televisivos (mismo cómico, mismo director, libretos de Pedro Saborido en primer término), «Pájaros volando» es de vuelo coherentemente gallináceo. Pero si evitamos las comparaciones, ya lo dijimos, la gente se entretiene.

Guión, Damián Dreizik, que se reserva un personaje bien jugoso: un fanático ecologista de izquierda sudamericana, conspirador absoluto, que termina como productor en el negocio de las películas para el Bafici (un chiste muy bueno).

P.S.

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