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Djokovic se consagró en un partido para la historia
Djokovic destroza su remera tras obtener por segundo año consecutivo el título en Melbourne. El serbio dejó más claro que nunca por qué es el N°1 del mundo.
Djokovic logró un quiebre decisivo cuando el marcador estaba igualado 5-5 en el quinto y último set, y generó una frenética atmósfera en un colmado estadio Rod Laver. Persignándose y gritando plegarias al cielo, ejecutó una derecha cruzada ganadora para capitalizar su primer punto para partido, tras lo cual se dejó caer y lanzó un grito de éxtasis tras cinco horas y 53 minutos de juego, en la final más larga de la historia en eventos de Grand Slam. La extensión del encuentro superó el récord anterior de cuatro horas y 54 minutos, producido cuando Mats Wilander batió a Ivan Lendl para conquistar el Abierto de Estados Unidos 1988.
El desahogo de Djokovic fue tal que rompió su camiseta mientras celebraba en el medio de la cancha, antes de ir a saludar a su equipo con gritos desaforados. El triunfo dio al número uno su quinta corona en torneos del Grand Slam antes de su cumpleaños número 25, además de dar continuidad a su dominio psicológico sobre Nadal, a quien ahora ya superó en siete finales consecutivas. «Rafa, tú eres uno de los mejores jugadores de la historia. Uno de los jugadores más respetados en el circuito», lo elogió el serbio, luego de sufrir para levantar la Copa Norman Brookes Challenge.
«Esta noche (por ayer) hicimos historia. Desafortunadamente no podemos ser los dos ganadores. Te deseo lo mejor para el resto de la temporada. Espero que tengamos muchos más partidos y finales (entre los dos)», agregó Djokovic, quien una vez más demostró su fiereza física y mental, esa que lo pone en lo más alto del ranking.

