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Doble ritual para despedir a un líder del laicismo
Despiden el féretro de Raúl Alfonsín con aplausos y gestos, entre otros, Leopoldo Moreau, el ex diputado Luis «Changui» Cáceres y los senadores Gerardo Morales y Ernesto Sanz.
El acontecimiento político que generó la desaparición del caudillo radical hizo incluso que Sergio Massa, jefe de Gabinete, participara de la misa a pesar del enfrentamiento que mantiene la Casa Rosada con el Episcopado de Bergoglio. Y el radicalismo en pleno, que en el mandato de Alfonsín había promulgado la ley de divorcio vincular y había impulsado el laicisimo en la educación, también se dio un baño de religiosidad para despedir al primer presidente desde el regreso de la democracia.
Apenas pasadas las 10, el Congreso de la Nación cerró sus puertas tras un incesante peregrinar de más de 70 mil personas, según estimaciones oficiales del Senado, que no se detuvo pese a la lluvia. Sólo permanecieron dentro la familia Alfonsín, sus amigos y la primera plana de la dirigencia radical: Cobos, el jefe del partido; Gerardo Morales, el titular del bloque de senadores; Ernesto Sanz, y los bonaerenses Leopoldo Moreau, Federico Storani y Daniel Salvador, del comité provincial de Buenos Aires. Massa y el presidente provisional del Senado, José Pampuro, fueron los representantes del Gobierno de Cristina de Kirchner en esa ceremonia.
A las 13.45, con el féretro ya ubicado en las escalinatas, se sumaron los gobernadores Juan Schiaretti, de Córdoba, y Hermes Binner, de Santa Fe. La misa de cuerpo presente estuvo a cargo de Arancedo, primo hermano de Alfonsín, y representante del ala más dialoguista del Episcopado. El prelado destacó en su homilía la «conciencia de espiritualidad y trascendencia, como de confianza en Dios», algunas de las «ideas que lo acompañaron a Raúl (Alfonsín) en los últimos tiempos».
Arancedo no esquivó el sesgo laico del Gobierno de Alfonsín y aclaró que «la dimensión espiritual del hombre no se opone a una sana laicidad que valora y reclama la autonomía de las realidades temporales y humanas; por el contrario -dijo-, es garantía y salvaguarda de lo humano». Es que Alfonsín no sólo impulsó iniciativas como el divorcio vincular, sino que hasta se subió, en 1987, al púlpito del entonces vicario castrense José Medina para responder una acusación sobre supuestos actos de corrupción. «Si tiene algo que denunciar, hágalo», fue la advertencia de Alfonsín en aquel entonces al representante de la Iglesia Católica. Ni Néstor Kirchner se animó a tanto en su pelea con los obispos.
Frente a una multitud congregada en la Plaza del Congreso, la misa fue concelebrada con el obispo de Chascomús, Carlos Malfa, y el secretario de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Enrique Ghia.
Arancedo, quien se ubicó cerca de Ricardo Alfonsín, agradeció, en nombre de la familia del líder radical, «el cariño y el testimonio de reconocimiento manifestado tanto durante su última enfermedad como durante estos últimos días».
El hijo de Alfonsín, precandidato a diputado nacional, leyó emocionado la carta que el apóstol Pablo dirigió a los ciudadanos de Roma.
«Lo despedimos con el dolor de la ausencia, pero con la confianza de sentirnos acompañados de su amor de padre», expresó Arancedo, quien «en nombre de la familia Alfonsín», agradeció «todo el cariño y el testimonio de reconocimiento» manifestado al ex presidente. «Querido Raúl: que el Señor, tu Padre, te reciba, y descanses en paz», cerró el sermón Arancedo.
Al finalizar la misa, después del acto de la paz y la comunión, el féretro inició su lento camino hacia el cementerio de la Recoleta en un vehículo del Ejército que transportaba la cureña, escoltado por el cuerpo de Granaderos a Caballo.


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