29 de junio 2012 - 00:00

Doblemente Bueno

El uruguayo Carlos Bueno grita su gol, el primero que marcó y que le dio el triunfo a San Lorenzo ante Instituto. Su compatriota Juan Manuel Salgueiro se acerca para el festejo.
El uruguayo Carlos Bueno grita su gol, el primero que marcó y que le dio el triunfo a San Lorenzo ante Instituto. Su compatriota Juan Manuel Salgueiro se acerca para el festejo.
Las palmas de las manos quemaban de tanto aplaudir, las gargantas quedaron rojas de tanto gritar «uruguayo, uruguayo».

Es que Bueno, el uruguayo Carlos Bueno se transformó en el héroe de la tarde-noche cordobesa al marcar los dos goles con los cuales San Lorenzo venció a Instituto en el partido de ida de una de las Promociones.

Con esta ventaja afrontará el domingo, desde las 14, como local el partido revancha con la esperanza más que firme de mantenerse en Primera División, ya que le alcanzará con un empate o hasta con una derrota por una diferencia de dos goles.

El primer tiempo tuvo un desarrollo más que discreto, mostrando a dos equipos con serias limitaciones para generar juego e hilvanar jugadas de riesgo. Por esta causa, los 45 minutos iniciales dejaron poco para el análisis: mucho pelotazo, mucha pierna fuerte, mucha fricción, y poco fútbol.

Instituto, que puso ganas e intentó asumir el protagonismo, lució desdibujado por mérito del rival, pero a la vez por culpa propia. Es que el equipo cordobés nunca pudo salir limpio desde el fondo y recién plasmó esa superioridad territorial en los últimos diez minutos.

Sin embargo, en el inicio del segundo tiempo San Lorenzo dio el golpe con un contraataque perfecto comandado por Juan Manuel Salgueiro por la derecha y definido por Bueno, tras exigir a Julio Chiarini y tomar el rebote de su propio remate, a los 2 minutos. Y cuando el equipo de Darío Franco todavía no había asimilado el primer gol, llegó el segundo, con un cabezazo de Bueno, el verdugo, a los 17 minutos.

La historia estaba sentenciada. San Lorenzo dejó en claro la diferencia de categoría entre un equipo y otro con un sólido juego colectivo, y sin la necesidad de brillar.

Quedan 90 minutos finales para el desahogo total de San Lorenzo o el grito de gloria de Instituto.

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