4 de febrero 2011 - 00:00

“Dulce espera” de personajes reales

«Dulce espera» (Arg., 2010, habl. en esp.). Guión y dir.: L. Linares. Documental.

Particular suavidad tiene este docudrama sobre una joven madre desocupada, una madre de mayor edad, que trabaja en las cosas del hogar, y también algunas reuniones en una sala evangélica, o en espacios abiertos con las chicas amigas, y las visitas al presidio. Allí está el marido de la joven, esperando el momento de salir y abrazar a ella y a su criatura. Eso es todo, tiene final feliz, dentro de lo que cabe, y lindo acompañamiento de guitarra a cargo de Peteco Carabajal. También, unos paisajes hermosos, muy bien fotografiados, del conurbano de Bariloche. Hermosos sobre todo para quien no debe pasar el invierno en las casitas humildes de las laderas.

Las situaciones son reales, tanto como las casas, el hospital y la prisión, que dicho sea de paso es bastante limpia. Y los personajes son reales. La directora, Laura Linares, hace que además se comporten de forma natural ante la cámara. Esto último lo ha conseguido gracias a una amistad genuina (ya su madre había sido maestra de las jóvenes que allí aparecen, y que evidentemente le guardan aprecio), y también gracias al simple recurso de hacerles representar sus propias vidas, sin agregados ni frases artificiales. Hay verdad, o al menos enorme verosimilitud, y respeto. Nada de momentos incómodos, y tampoco nada de exaltaciones ni mayores justificaciones. De hecho, cada espectador verá las cosas a su manera.

La película, por sí misma, nos muestra gente mansa que ama a sus criaturas, que va haciendo su nidito sin mayores quejas, se banca vivir con poco en condiciones precarias, y espera mejorar algún día. Para el preso, la idea de salir y tener una familia con la que abrazarse, y de la cual hacerse cargo, es casi como la idea de empezar una vida de sueño. El problema es que afuera también sopla un viento helado, capaz de congelar los corazones.

P.S.

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